Solo una oportunidad

 

María Ballarín Rosell, IES Pilar Lorengar

Mucha gente se plantea y se seguirá planteando, qué es lo que sienten esas personas a las que se les llama pobres. Si se consideran desdichados por su vida y por su suerte o si son felices porque lo que para muchos sería una tontería, a ellos les parece lo mejor que les ha pasado. Y sinceramente, no creo que nadie, salvo ellos mismos, comprendan de verdad lo que implica no tener una cama donde dormir, no poder beber agua potable o, simplemente, no tener una familia o unas personas con las que compartir tu miserable vida.

Nadie podrá nunca entender del todo qué es lo que se siente al saber que tus años pasan sin un rayito de sol que ilumine tu eterna oscuridad. Saber que tu vida se va a acabar igual de rápido que ha empezado y que nadie te va a dar otra oportunidad para poder aprovechar un poco más tu vida. Sólo hay una oportunidad, y claro, hay que saber aprovecharla, pero... ¿y si no tienes nada a lo que sacarle su lado positivo?

Y, por supuesto, todo ello se aplica también a la exclusión social, algo que muy poca gente tiene en cuenta. Miles de personas en todo el mundo no se sienten parte de la sociedad. Se sienten excluidos, como si no debieran formar parte de este planeta. Y eso por la simple razón de que a unas cuantas personas les ha parecido conveniente discriminarlos y hacer de sus vidas un continuo sufrimiento por únicamente ser de otro país, de otro color, de otra religión o simplemente por no pensar igual. Pero, ¿acaso no tenemos todos derecho a vivir? ¿No tenemos derecho a disfrutar de todos y cada uno de los segundos de nuestra existencia?

Y sobre todo, no pienses que esto no va contigo, porque seguramente si miras a tu alrededor, encontrarás personas y situaciones que podrían precisar de tu ayuda.

 

 

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