Situación económica mundial

 

Guillermo Gracia, La Salle Montemolín

Todo el mundo se pregunta a qué se debe la actual situación mundial en el sistema económico financiero mundial. Todos los expertos en estas materias intentan convencernos con sus respuestas: el sistema financiero ha fallado y la superproducción no la puede absorber, y el consumidor está asustado por la crisis. Pero nos deberíamos plantear si en realidad lo que hay es una crisis social, de una sociedad entera y no una crisis financiera.

En nuestra sociedad existen tres sociedades diferenciadas: la sociedad muy rica que con sus ansias de poder político y económico ha visto en el resto de la sociedad un gran mercado en el que vender sus productos que sólo pueden comprar los miembros de una segunda sociedad, aquella en la que nos movemos nosotros, en la que el trabajo te da dinero para poder satisfacer las necesidades básicas y en algunos casos comprar productos de lujo. Esta sociedad es la que realmente está en crisis porque se ha generado mucho paro. Y, por último, la tercera sociedad, millones de personas que no pueden satisfacer ni sus necesidades mínimas. Ni siquiera el derecho a la vida, ya que su mundo de pobreza total es además un mundo en guerra.

La solución de los expertos es ingeniosa. Debemos ahorrar, pero consumir más para que las empresas sigan produciendo y no tengan que despedir a los trabajadores, ser más productivos, abaratar el despido, perder derechos sociales adquiridos y además rezar para que los bancos arreglen sus problemas y vuelvan a prestar dinero.

Los señores de la primera sociedad piensan en llenar sus empresas a la tercera sociedad, donde la mano de obra es más barata. Pero primero hay que invertir. Se deberían construir carreteras, puentes, escuelas, viviendas que darán trabajo y generarán unos sueldos. Ahora no pueden vender lavavajillas a quienes no pueden comer, o fabricar zapatos en lugares donde sus habitantes andan descalzos.

No se pueden hacer fábricas en países pobres sólo con el fin de obtener productos más baratos para venderlos con grandes beneficios en la segunda sociedad. Deberíamos corregir presas a la tercera sociedad, donde la mano de obra es más barata. Pero primero hay que invertir. Se deberían construir carreteras, puentes, escuelas, viviendas que darán trabajo y generarán unos sueldos.

Ahora no pueden vender lavavajillas a quienes no pueden comer, o fabricar zapatos en lugares donde sus habitantes andan descalzos. No se pueden hacer fábricas en países pobres sólo con el fin de obtener productos más baratos para venderlos con grandes beneficios en la segunda sociedad. Deberíamos corregir errores en los nuevos mercados, ayudándoles primero a crecer y utilizar sus materias primas para generar sueldos y clientes en su propia sociedad.

Por todo esto estamos en una gran crisis social con difícil y fácil solución. Deberíamos dirigir nuestra mirada en dos direcciones opuestas: por un lado, pedir explicaciones a la primera sociedad y exigir que empiecen a perder sus privilegios a favor del resto y por otro lado, pedir perdón y comenzar a ayudar a la tercera sociedad, la sociedad olvidada.

 

 

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