Tiempo de botellón

 

Con el calor y la normativa que aleja este problema del centro de la ciudad, se teme que se reproduzca en parques y lugares más escondidos de Zaragoza

Fernando Mantecón (El Periódico del Estudiante)

Se acercan las vacaciones, tiempo de olvidarse de los libros (al menos los que hayan aprobado, claro), buscar la sombra o la sombrilla, playa, piscina... En fin, el mejor plan que pueda buscarse cada uno. Como cantaba Estopa, en verano "cualquier día es fin de semana", y aunque haya saludables excepciones, muchos sabéis lo que ocurre entre los jóvenes las noches de los fines de semana del resto del año: un consumo excesivo de alcohol. Teniendo en cuenta lo dicho acerca de Estopa, el verano no es precisamente una buena época para las campañas anti-alcohol entre los jóvenes.

Así lo advertían recientemente algunos psicólogos, ya que la nueva ordenanza anti-botellón que viene imponiéndose desde octubre del año pasado (de la que ya hablamos a comienzos del curso en este suplemento) no parece ser muy efectiva. La ordenanza pretende acabar con el botellón siempre que con él «se impida o dificulte la circulación rodada o el tránsito peatonal », o bien se generen molestias, ya sea por residuos o por ruido. Es decir, el botellón en sí, beber en grupo en la calle, no está prohibido.

A la hora de la verdad, lo que ha conseguido esta ordenanza es fundamentalmente es alejar el fenómeno de las zonas céntricas, como la plaza de Los Sitios. Así lo señalaba recientemente la periodista Marga Valiente en un reciente artículo de este periódico. Pero alejar el problema de las zonas más visibles no significa acabar con él. De hecho, en realidad las molestias se seguirán produciendo, porque cualquiera que hayáis participado en un botellón sabéis que acaba siendo imposible no hacer ruido o no manchar nada. Así que, sobre todo en las primeras semanas de la aplicación de la norma, la presencia policial disuadía de celebrar el botellón en zonas tradicionales, con lo que fue migrando hacia otras más discretas, como parques. Durante el invierno, el frío favorece que los practicantes del botellón busquen cobijo en casas u otros lugares resguardados, con lo que parece menos visible.

Pero con el buen tiempo regresa a la calle, ahora a los parques, con lo que los problemas regresan. Regresan y multiplicados, porque como señalaba recientemente Carmen Moya, delegada del gobierno de Plan de Drogas, es «alarmante» lo temprano que se empieza a beber actualmente (13,7 años de media), además de las cantidades y la velocidad a la que se bebe.

El otro aspecto que resulta preocupante, aunque no es ni mucho menos algo nuevo, es que el alcohol se ve como el único medio válido de socializar, a imitación de la cultura anglosajona. Aunque ya parezca tradicional, el reunirse con el único objetivo de beber (no os engañéis, «hablar con los amigos» se puede hacer sin beber) no es ni mucho menos parte de la cultura española. Es imposible que gente de vuestra edad se preocupe de las consecuencias a largo plazo de beber con tanta frecuencia ±porque el hecho de emborracharse solo los fines de semana ya es mucho±, pero pueden ser muy graves para la salud, incluso si no se degenera en el alcoholismo. En cualquier caso, no hace falta irse tan lejos en el tiempo, el alcohol ya tiene graves consecuencias en la violencia juvenil. De hecho, a nivel mundial, eso sí, un 80% de las muertes registradas entre adolescentes se deben a causas violentas y dentro de ellas las relacionadas con drogas o alcohol representan el 50%.

EN CIFRAS

Aunque no se informe uno de los datos, los efectos perfjudiciales del alcohol son de sobra conocidos. Pero esto no impide que se sigan produciendo intoxicaciones alcohólicas, llegen o no a comas etílicos, semana tras semana. Estadísticas recientes señalaban que en Aragón se dan unas mil al año, aunque curiosamente la mayoría no eran en adolescentes, sino en la franja entre los 25 y los 50 años. Es decir, no es un problema exclusivo de la juventud. Lo que sí es más exclusivo de la juventud son las sanciones por practicar botellón. Que se intente desviar hacia determinadas zonas no significa que se pueda hacer impunemente, en las narices de la policía.

En el último año (con datos de mayo) se habían producido unas 2.500 denuncias por incidencias relacionadas por el botellón. Más de la mitad de ellas (un 57%) por orinar en la calle, y unas 236 por ensuciar con basura. En algunos casos las multas se pueden sustituir por trabajos para la comunidad, pero lo más normal es que oscilen entre los 500 y los 1500 euros. Si no duele la salud, quizá lo que acabe doliendo sea el bolsillo...

Visita: www.msc.es/alcoholJovenes/

 

 

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