Una puerta con rejas

 

Alba Pérez Gracia, IES Juan de Lanuza

Han transcurrido ya varios meses desde que caminé por cuarta vez hacia la siniestra puerta de rejas, que me llevó de nuevo a este ´hospitalario´ lugar tan lleno de crueldad. Mi mente vaga sin rumbo. Debo reconocer el fatídico error que me llevó a cruzarla.

Aquel acto de cobardía pesa con agudeza cada día más en mi conciencia. Matar a ese pobre e inocente chico de diecinueve años, sólo porque ese día me pasé de la raya con la dosis diaria que, hasta entonces, mi cuerpo aceptaba con plena normalidad. Mi estancia aquí, sin palabras. La rutina me atormentaba. Los días se comportan de una manera monótona y sin sentido, por lo que incluso, a veces, en mi pensamiento aparece la idea de que tal vez ha llegado el momento de abrir mi última puerta, para emprender el largo camino del que no se regresa jamás.

Pero, dentro de una semana, para más exactitud, el 27 de abril cumplo 27 años y en mi interior se remueve una pequeña esperanza de que algún día, no muy lejano, atravesaré la puerta de la libertad, con la que llevo soñando todos y cada uno de estos años, y en la que sé que me esperan ansiosos mis padres y mi novia, a los que con certeza, destrocé la vida para siempre.

 

 

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