La nueva Almozara

 

Clara Jarné Garasa, IES Andalán

Hace unos meses me encontraba sentada en un banco de Los Jardines de Lisboa, esperando a una amiga, que como era habitual, siempre llegaba tarde a las citas. Se aproximó un anciano, con su bastón y una sonrisa en su rostro, y me preguntó si se podía sentar un ratito.
--La edad no perdona, hija --me comentó--. Acabo de salir de casa y las piernas ya no me tienen.

Tenía ganas de conversar, y por qué no decirlo, yo de escucharle. Estábamos mirando la estación Zaragoza Delicias. Era difícil no hacerlo, puesto que la teníamos junto frente a nuestros ojos.
--¡Cómo ha cambiado este barrio! --comentó--. Recuerdo cuando tenía tu edad. Todo esto eran huertas. Preciosas y fértiles huertas. Pero la vida no era fácil aquí. El humo constante, el olor, la contaminación que provenía de La Química, hacían del barrio un lugar poco acogedor. También he visto desaparecer las huertas, y cómo poco a poco se han ido sustituyendo por edificios.

Su conversación me encantaba. No conocía, ni podía imaginar, que este barrio, mi barrio, hubiera podido cambiar tanto.
--Miro este barrio y no lo conozco. Cierro los ojos y todavía veo La Química, las vías del tren, las huertas que ocupaban gran parte del barrio. Veo las tierras rojizas que lo caracterizaban. Veo a las gentes humildes que con su duro y sacrificado trabajo en la industria, sacaban a sus familias adelante. Pero si abro los ojos veo lo que nunca hubiera podido imaginar. Un barrio bonito, agradable. Un barrio donde el presente en nada se parece al pasado.

"En los últimos cinco años, han sucedido cosas que, aun viéndolas, me cuesta creer. Las comunicaciones y accesos con el barrio de Delicias. Antes las vías del tren y la autopista eran una barrera que nos separaba del resto de la ciudad. Ahora todo es distinto. Y la Expo. Esto sí que fue una bendición para el barrio. Se mejoró, se adecentaron las riberas, se cuidaron muchos detalles. En fin, una auténtica maravilla. Lo único que siento es no poder disponer ya de mucho tiempo para disfrutarlo. Siento que la vida no me va a conceder muchos años para saborear y gozar lo que cuando tenía tu edad no viví. Pero tú serás quien lo haga por mí."

Mire a sus ojos. Las lágrimas asomaban y se deslizaban por sus profundas arrugas. Me miró, se despidió, y se marchó. Cuando llegó mi amiga me preguntó qué me pasaba.
--Tu retraso en venir --le dije-- ha sido el mejor regalo que hoy me podías haber hecho.

 

 

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