Cuento de miedo

 

Rita Royo Segarra, La Salle Montemolín

¡Quién iba a imaginarse que se cumpliría! Era tan improbable... Pensar que no lo creí cuando me contó aquel sueño, ¡y aquí estoy en el velatorio el día de su funeral! Esa chica no era buena, ya se lo dije yo, al final le trajo lo peor que podía pasarle. Llega mi turno. Me acerco a la urna, está tan pálido... ¡Pobre Antonio! Amigos desde los doce años, y ahora se ha ido. ¡Y no le hice caso cuando me contó ese sueño! Me reí de él... Pero ahora recuerdo el sueño y me dan escalofríos.

«Caminaba a casa de su novia Estefanía con un ramo de flores en la mano. Cumplían un año, y Antonio estaba muy orgulloso. Legó al portal de Estefanía, y una viejecita le abrió la puerta amablemente. Caminaron juntos hasta el ascensor y esperaron a que llegara. La viejecita habló:
-Así que lleváis juntos un año...
- Antonio se extrañó de que esa mujer lo supiera, pero le dejó continuar.
-¡Qué lástima que no os quede mucho tiempo! A ti tres días te restan para poder despedirte de ella. ¡Ay! ¡Y pobre chica! No durará mucho más que tú...

Antonio no sabía qué responder. De repente, los ojos de la mujer brillaron con maldad, su desdentada boca esbozó una pícara sonrisa, y comenzó a reír como una loca. Entonces, ¡las luces parpadearon, se oyeron gritos y lamentos, y el humo inundó la entrada del inmueble! Antonio se asustó tanto que sufrió como un golpe en el pecho». Luego despertó del sueño acalorado y sudoroso, según me contó.

Al terminar su narración rompí a carcajadas de lo absurda que era. Sin embargo, tres días después del sueño, un vecino de Estefanía encontró a Antonio tumbado en el suelo al lado del ascensor de casa de su novia. Más tarde, en el hospital, hablaron de un extraño paro cardíaco: el corazón parecía haber sido mordisqueado por algo con una dentadura destrozada, pero no había ninguna señal de cómo algo podía haberle parado el corazón a pequeños mordiscos, como si poco a poco se hubiese comido sus sentimientos, aquellos que tan bien guardaba en su corazón, aquellos dedicados a su querida Estefanía.

Intento evadirme de esa nube de recuerdos que resultan tan difíciles de olvidar. Por suerte el sonido de mi móvil me libera. Salgo del tanatorio para responder. Es María, la hermana de Estefanía. Llama para darme la noticia de que su querida hermana y antigua novia del difunto Antonio ha muerto, un día más tarde que su querido novio, de paro cardíaco por una extraña anomalía en el corazón.

 

 

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