Un verano diferente

 

M.T.G., Profesora del IES Ítaca

No, no he viajado al extranjero, ni siquiera he ido al Pirineo o a la playa; he estado en contacto con otra realidad de la vida: he cuidado a un familiar, una persona anciana y enferma, eso sí, en una casita con jardín y en compañía también de niños; extraña mezcla que me llena de ternura, respeto y de reflexiones sobre nuestra existencia.

Recuerdo permanente de Pedro, protagonista de Tiempo de silencio y de su autor, el psiquiatra Martín Santos que se fijan en los aspectos más negativos y feos de la criatura humana: la enfermedad, la vejez, la muerte, e incluso algunas actividades fisiológicas necesarias, pero eso, en vez de identificarlo con el absurdo y con motivos para el pesimismo, me lleva a pensar en la dignidad de la persona, que no pierde a pesar del deterioro y de la imposibilidad física.

Cuando veo a los peques cómo la besan, le hacen reír y cuentan con ella, la sensación de alegría es inmensa. Al ayudarle a vestirse, tengo presente a Bruno, de La sonrisa etrusca que a escondidas, por las noches, se entrena con ropa de su nieto, para abrochársela con rapidez y sin producirle ninguna incomodidad, por la mañana. Al fondo de mi paisaje particular..., los libros, la familia unida y más cerca o más lejos en el espacio, pero siempre presentes, los buenos amigos.

 

 

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