Plan infinito

 

Julia Morer, IES Juan de Lanuza

--Recuerdo cuando nos conocimos --dije-- era una noche de verano, estábamos en el parque, y después fuimos a dar un paseo por el pueblo. Poco después nos sentamos en el banco, empezamos a hablar, y yo te conté mi vida:

"Cuando tenía cuatro años, mi padre nos abandonó, se llamaba Carlos. Cuando se marchó, mi hermano Juan ocupó el puesto de padre. Mi madre estaba cada día más desolada, mi hermano y yo hacíamos todo lo posible para animarla, pero nada.

A los pocos meses mi madre enfermó. Mi padre para entonces ya había muerto. Aunque mi padre se fuera, mi madre le seguía queriendo y poco tiempo después mi madre también murió, pero no por causas naturales, sino porque alguien había encargado que mi madre muriera.

Mi hermano y yo fuimos ingresados en un orfanato, allí fuimos bien tratados, pero siempre nos faltó el cariño de unos padres. Cuando cumplí los diez años, una familia de ricos nos adoptó. Tenían una hija, que no nos trataba muy bien, ella no soportaba que me divirtiera con mi hermano.

Cuando cumplí los doce años me echaron de la casa, dejando a mi hermano dentro. Ahora sí que ya no tenía a nadie. Dormía en la esquina de mi casa, ahora derrumbada y llena de basura, allí tenía unos cartones y una manta que hice con la ayuda de mi madre cuando aún vivía. Me recordaba mucho a ella.

Cuando tenía catorce años, decidí buscar trabajo. Lo encontré en una fábrica, que aunque al principio no pagaban mucho, me daba lo suficiente para comer. Tras meses y meses de trabajo gané mucho dinero y me compré una casa cerca de la de mis padres. A los pocos días me acordé de lo que le ocurrió a mi madre, decidí que buscaría a la persona que encargó su muerte.

Al día siguiente fui a la policía. No me quisieron ayudar, pues no tenían demasiados agentes disponibles para iniciar una búsqueda, además quién se iba a preocupar de alguien que había muerto hacía diez años. Como no me querían ayudar, inicié sola la búsqueda del asesino de mi madre. Los policías no querían que yo siguiera adelante con mi plan y para que estuvieran seguros de que no buscaba a nadie por mi cuenta, me llevaron a una familia adoptiva a Zaragoza. Aquella familia era muy agradable, demasiado agradable.

A los pocos días vi cómo se portaban de un modo extraño: no comían, no bebían, no dormían, no se movían, no hacían nada; sólo se sentaban en el sofá a ver la televisión, pero cuando yo me iba a la cama la apagaban.

El día de mi 15 cumpleaños, cuando me desperté, no había nadie. Sospeché de la misma persona que había asesinado a mi madre. Entré en el cuarto de mi madre adoptiva y no había nada, se habían ido sin mí. Otra vez me quedé sola.

Ahora que no tenía vigilancia, podía hacer lo que yo quisiera. Por la tarde hice las maletas, salí de aquella casa y fui a buscar a mi hermano a la casa de los ricos. Mi hermano me ayudó a idear un plan para averiguar quién había matado a nuestra madre. Primero fuimos a nuestra casa de Borja a encontrar alguna pista. Cuando llegamos nos pusimos a buscar como locos, pero sólo encontramos una caja metálica, que no podíamos abrir porque no teníamos la llave.

Caminamos hasta la plaza, nos sentamos en un banco a pensar. Cuando me di cuenta, el colgante que yo llevaba tenía la misma forma que la cerradura de la caja. Muy deprisa abrimos la caja, encontramos una foto de cuando mi madre era joven. Observamos muy bien la foto y nos dimos cuenta de que había alguien más en aquella foto: vestía de negro, llevaba una braga en el cuello y unas zapatillas deportivas muy familiares, pues mi tío José las vendía.

Mi tío José se dedicaba a la venta ambulante de ropa, así que nunca se sabía dónde estaba. Yo sospeché de mi tío. Cuando se lo fui a decir a mi hermano ya era tarde, él y la caja habían desaparecido.

Busqué ayuda, pero nadie me quiso ayudar, pensaban que estaba loca. Yo sola seguí el plan que había hecho con mi hermano, pero necesitaba ayuda. Los últimos días del año me dediqué a buscar ayuda, pero la gente estaba muy ocupada con la Navidad.

Empapelé toda la ciudad, sólo algunas personas llamaban, pero no para ofrecerme ayuda, sino para insultarme. Desolada volví a mi casa en ruinas, pasé allí aquella noche en la que raptaron a mi hermano. El día 14 de febrero, San Valentín, la gente no dejaba de declarar su amor, pero quién iba a querer a una chica sin familia.

Aquel mismo día, por la tarde, alguien me llamó al móvil, por fin alguien me ofreció ayuda, pero era anónimo. Me pidió que me reuniera con él esa misma noche en el parque. Acudí al parque y allí estabas tú, tan guapo y amable como ahora. Me ofreciste toda tu ayuda para buscar a mi madre. Yo te lo conté todo y parecía que te querías echar atrás, pero seguiste sin saber qué iba a pasar".

Lo demás ya lo conoces, porque lo hemos vivido los dos juntos. La noche que nos conocimos me pediste que te contara mi vida. Es larga, no digas que no te lo advertí. "No me importa porque tengo mucho tiempo", dijiste, sin saber el lío en que te metías con este plan infinito.

 

 

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