Más leña al fuego

 

Tras el terremoto que devastó la capital de Haití en enero, el país sufre ahora una epidemia de cólera que ya ha acabado con la vida de más de 300 personas

Fernando Mantecón (El Periódico del Estudiante)

Recurriendo a la sabiduría popular, la situación actual de Haití podría resumirse con refranes como A perro flaco, todo son pulgas o Las desgracias nunca vienen solas. Pero resultan frases vacías ante una epidemia de cólera que, a finales de la semana pasada, se había cobrado ya la vida de más de 300 personas e infectado a casi 5.000.

Afortunadamente, lejos de caer en la desesperación, muchos organismos internacionales se han volcado de nuevo en atender las necesidades del país, ya de por sí azotado por desastres naturales y con una situación política más que inestable. En España, entre otras, la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID), Cruz Roja y Médicos del Mundo enviaron el pasado martes un avión con 14 toneladas de ayuda. También Médicos Sin Fronteras envió un avión con 100 toneladas de material médico desde su centro de emergencia en Panamá. Precisamente a ésta última ONG pertenece Arhimo Ben Hamu, que regresó a Zaragoza antes de que se declarara la epidemia pero ha pasado los últimos meses en Haití. Un país que, según ella, "no se puede contar, hay que verlo". Pero lo intentaremos.

A la enfermera de Médicos Sin Fronteras no le extraña el brote de la epidemia, más bien le extraña que no haya sucedido antes. "En condiciones de falta de una higiene adecuada por un periodo prolongado, es normal que surjan estos brotes". De hecho, esta ONG ha intervenido en epidemias de esta enfermedad en Camerún, Chad, Níger, Nigeria, Pakistán, Papúa Nueva Guinea y Zambia, solo este año. Y según la Organización Mundial de la Salud, entre cien y 120.000 personas mueren por esta enfermedad cada año.

En este caso, con miles de desplazados viviendo en tiendas de campaña, sin desagües, debido al terremoto del pasado enero en la capital, Puerto Príncipe, el caldo de cultivo es lamentablemente perfecto. Aunque la enfermera no cree que pueda establecerse una relación causa-efecto, el hecho es que la zona donde se ha declarado el brote, la región de Artibonite, al norte del país, acoge muchos de estos emplazamientos de refugiados.

Médicos Sin Fronteras trabaja en la ciudad de Saint-Marc, en el hospital de Saint Nicholas, con equipos desplazados a otras zonas para atajar los casos esporádicos que se dan. Las cifras de afectados por el brote obligaron a establecer otros Centros de Tratamiento del Cólera (CTC), y de hecho en uno de ellos se dio el pasado martes un lamentable incidente: Un grupo de personas se manifestó violentamente ante el CTC que se estaba preparando en un campo de fútbol de San Marc, incendiando algunas tiendas, aunque sin provocar heridos de gravedad. Ben Hamu no acaba de explicarse esta reacción: "Quizá estaban asustados por tener un centro con tantos enfermos en la ciudad, o simplemente no querían que se ocupara el campo de fútbol".

El hecho es que este centro hubiera facilitado mucho el tratamiento, ya que si un paciente de cólera es atendido en los primeros momentos de la enfermedad, ésta pierde gran parte de su peligrosidad. Y las medidas higiénicas del centro hubieran impedido el contagio. En cualquier caso, el Ministerio de Sanidad Haitiano buscará un emplazamiento más alejado de la población, con el retraso en el tratamiento que eso conlleva.

Por el momento, tanto Médicos sin Fronteras como el resto de organismos que luchan contra la enfermedad centran sus esfuerzos en aislar a los enfermos para evitar el contagio. Aunque se controle, la enfermera señala que "se tardarán meses en poder decir que el brote ha sido erradicado". Además, con las condiciones higiénicas es impredecible si habrá nuevos brotes. De forma inmediata, el aislamiento es la única táctica: "Existe una vacuna, pero no está del todo probada, tarda 15 días en actuar y solo ofrece protección durante dos años", explica la cooperante. Esto, junto con la necesidad de contar con diez millones de dosis, desaconseja su uso.

Así que solo queda seguir con la labor que las ONGs realizan habitualmente --desde hace 11 años, en el caso de Médicos Sin Fronteras--, basada en "la prevención y la educación para la higiene". El personal desplazado para ayudar en la isla imparte charlas, visita las poblaciones armado de megáfonos, utiliza carteles en francés, creol --la lengua propia del país-- e incluso por dibujos, para los analfabetos... Todo para concienciar de cosas tan habituales aquí como lavarse las manos o beber agua potable, o al menos clorada. A pesar de las dificultades y de la enormidad de la tarea de ayudar a prosperar a un país sin infraestructura y sin un gobierno fuerte, o al menos estable, Ben Hamu se muestra encantada con su labor. "Los haitianos te reciben muy bien, están bien formados para trabajar en sanidad y te aportan mucho más de lo que reciben".

Más información: www.aecid.es y www.msf.es

 

 

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