La premonición

 

Andrea Gil, La Salle Montemolín

Hace Poco que todo ocurrió. No he encontrado mejor manera de aliviar mi tormento que revelando el extraño suceso que tuvo lugar el mes pasado.

Carlos era uno de mis mejores amigos. Era un chico de veintidós años, al igual que yo, muy ilusionado por acabar su carrera de medicina y trabajar en algún hospital salvando vidas como cirujano. Los estudios le ocupaban la mayor parte del tiempo, a pesar de que su novia Eva y yo intentábamos sacarle de casa alguna noche. Eva iba a la misma clase que Carlos, aunque era mucho más despreocupada. Era una chica muy agradable y cariñosa, tanto con Carlos como con sus amigos y amigas entre las que me incluyo. Yo también estaba en su misma universidad, aunque estudiando otra carrera.

Una mañana después de clase me encontré con Carlos y le invité a tomar un café. Estaba bastante inquieto y preocupado, cosa extraña en él. Supuse que habría tenido alguna discusión con Eva, así que me dispuse a consolarle y le pregunté qué le pasaba. Ni él ni yo somos en absoluto supersticiosos, pero lo que me contó me produjo una intranquilidad que aún hoy sufro.

Resulta que la noche anterior se encontraba soñando con su querida Eva, cuando una lúgubre visión interrumpió su sueño. Era una mujer muy hermosa, situada al fondo de su habitación, que despedía un extraño brillo negro, aunque su piel y su pelo eran tan blancos que incluso cegaban. En ese momento Carlos empezó a temer lo peor, la sola presencia de esa mujer parecía helarle el corazón.

De repente, la extraña figura comenzó a avanzar hacia él. Todo le pareció tan real que soltó un grito y se refugió bajo las sábanas. Aun así, no pudo evitar percibir que a medida que la mujer andaba, se iba haciendo cada vez más anciana, pudriéndose su piel perfecta y sustituyendo su pelo por voraces serpientes.

Carlos no podía más, estaba muerto de miedo, y más aún cuando la anciana le dijo que le quedaba un día de vida. Entonces se despertó bañado en sudor frío y temblando por el terrorífico sueño. Yo no le di mucha importancia a su relato y traté de tranquilizarle, asegurándole que sólo se trataba de un simple sueño, y que mañana nos reiríamos de todo ello.

Al día siguiente, Carlos estaba muerto. Quedé destrozada por la noticia y fui a buscar a Eva a su casa rápidamente para que me contara qué había sucedido con más exactitud, puesto que sus padres aún no sabían nada más. Eva me dijo que la noche anterior había llamado a Carlos para que acudiera a su casa. Lo que no había previsto es que se quedara atrapado en el ascensor al subir.

Eva llamó a los bomberos para que lo rescataran, ya que no sabía qué más podía hacer. Antes de que llegaran, un fallo incomprensible del mecanismo del ascensor hizo que los cables se soltaran y que Carlos cayera sin control, desde un séptimo piso. La verdad es que no sé qué pensar, pero Eva tuvo ayer ese sueño...

 

 

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