Hechizo a Raúl

 

Jorge Boira, La Salle Montemolín

En un pueblo cercano, hay una leyenda que habla sobre un niño llamado Raúl. Raúl tenía muchos amigos y era el más popular del colegio, pero se divertía haciéndole la vida imposible a otro chico de su colegio. Raúl se dedicaba a dejarle en ridículo y a insultarle, de tal forma que el otro chico no tenía amigos, ya que todos temían acercarse a él por si Raúl también la tomaba con ellos.

Cada día que pasaba, este chico odiaba más a Raúl, y el colmo fue cuando camino de su casa, un día lluvioso, se encontró a Raúl y su panda de amigos, quienes le tiraron a un charco de barro y se rieron de él. Cuando se fueron, él prosiguió su camino hacia la parada del autobús, pero como iba lleno de barro, no le dejaron subir. No llevaba paraguas y tuvo que recorrer el largo camino hasta su casa andando. Estaba humillado y furioso, y llegó a su casa empapado. No le había comentado a nadie el problema que tenía con Raúl, pero fue ese día el que decidió vengarse.

No se le ocurría nada para hacer que Raúl se sintiera como él se había sentido todos esos años. Empezó a cansarse de pensar y entonces vio un libro negro sin título y aparentemente muy antiguo en la gran estantería que tenía en el salón. Pensó que debía haber pertenecido a su difunto abuelo y empezó a ojearlo. En sus páginas, ya amarillentas, descubrió algo muy singular: había escrito un hechizo para hacer a alguien invisible. Decidió probar, ya que no tenía nada que perder, y si funcionaba sería interesante que Raúl sintiera que nadie le hacía caso, como le pasaba a él.

Estaba sólo en casa y tenía toda la tarde y tenía toda la tarde libre, así que empezó con los preparativos. Apagó la luz y bajó las persianas, encendió unas velas, recortó una foto de Raúl y la arrojó al fuego del hogar y pronunció unas extrañas palabras que ponía en el libro que eran indispensables, pero no ocurrió nada.

A la mañana siguiente Raúl no fue a clase. Esa misma mañana, una hora antes, Raúl se levantaba de la cama con una extraña sensación, iba al baño a lavarse la cara y le pareció que no se veía en el espejo, pero pensó que era el sueño y volvió a lavarse la cara frotándose bien los ojos, pero para su sorpresa y espanto, seguía sin reflejarse. Creía que era una pesadilla, pero era demasiado real.

Llamó a sus padres pero ni siquiera le oían. Cuando vieron que su hijo había desaparecido llamaron a la policía. Raúl les escribía lo que le había pasado, pero sus padres lo tomaron como una locura. Raúl, para demostrárselo, empezó a mover objetos y entonces sus padres se asustaron y salieron corriendo de casa, y no volvieron en varios días. Raúl se encontró viviendo sólo en su casa. Dándole vuelta al asunto, se le ocurrió que el causante podría haber sido ese chico al que sabía hacerle la vida imposible. Ese chico se encontraba en su habitación del piso de arriba estudiando y sólo en casa, cuando la puerta que estaba entreabierta se abrió un poco más. Luego un rotulador se destapó sólo y empezó a flotar y lo mismo pasó con una pequeña pizarra que tenía en su cuarto. En esa pizarra se escribió como por arte de magia, lo que le había pasado a Raúl. El otro chico decidió perdonarle y ayudarle.

Bajó a por el libro pero no encontró nada para deshacer el hechizo. De manera que Raúl se quedó en ese estado y hoy en día, dicen que si algo te desaparece y aparece en otro sitio puede haber sido él.

 

 

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