La Sociedad sin Rostro

 

Ugari Arce, IES Juan de Lanuza

Sí, así es, nos critican, que si generación ni-ni, que si vagos, incultos, fracaso escolar, bla, bla, bla... No sé cómo tienen la poca vergüenza de permitírselo. Están destruyendo el planeta con sus políticas de desarrollo tan poco sostenibles, y lo peor es, sin duda alguna, que a la mayoría de ellos les da igual: "Pero qué más me da, cómo me vaya a morir yo", "El tabaco tampoco es para tanto"... Si tuvieran una mínima capacidad de autocrítica y su estrategia de vida no fuera la comodidad y el pasotismo, serían capaces, o quizás no, de darse cuenta de lo mal que lo están haciendo.

El mundo se resquebraja, y cada vez más rápido. Cada vez se estrecha más el margen de reacción. Cierto es que algunos de ellos son magníficos, eruditos en las ciencias, sostenibilidad y desarrollo, pero la inmensa mayoría se rige por la ley del mínimo esfuerzo: lo justo, lo mínimo, lo estrictamente necesario para tener un pisito pequeño, una pareja correcta y una vida aburrida y plana. Todos los días, numerosos escándalos sacuden una sociedad basada en la especulación, el egoísmo y el interés propio. Todo está basado en la hipocresía y en la falsedad, unido sutilmente con una fina argamasa de mentira y miedo.

Miedo, no solo al terrorismo o a las posibles guerras, sino miedo al prójimo, al compañero; desconfianza y envidia por encima de todo. La corrupción avanza imparable en un mundo de personas no personas, en una sociedad de gente incapaz de pensar por sí misma, incapaz de contrastar ideas u opiniones, en un mundo en el que se puede publicar cualquier barbarie, con tal de atraer a un puñado de personas más. Me dan escalofríos con solo ponerme a pensar lo que nos tocará vivir en un futuro no tan lejano, aunque pensándolo bien, quién sabe si realmente podremos vivirlo o no.

 

 

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