La guerra del humo

 

La entrada en vigor de la `Ley antitabaco' ha abierto el debate entre salud y libertad, con la firme oposición de los hosteleros y algunos colectivos de fumadores

Fernando Mantecón (El Periódico del Estudiante)

Ya ha entrado en vigor la conocida como ley antitabaco. Y la primera conclusión es que no se ha acabado el mundo. Pero no es menos cierto que la implantación de la norma no ha estado exenta de polémica, y sigue sin estarlo. Desde bares que se niegan a acatar la legislación, a otros que se niegan a mantener las máquinas de tabaco, pasando por algún altercado por tratar de impedir que algún fumador quebrantara las normas, como el herido que se puede observar en la página siguiente.

Yendo al origen, el problema de fondo que ha motivado esta restrictiva norma es claro, y difícilmente se encontraría a alguien que aún lo negara: el tabaco es perjudicial para la salud, provoca cáncer y enfermedades cardiovasculares, entre otras. Comenzando por aquí, podemos repasar la cadena habitual de argumentaciones: El alcohol también es perjudicial, y no se prohíbe. Cierto, pero con el alcohol, solo se perjudica el que lo consume -a no ser que se combine con otros factores como la conducción, pero eso sí está prohibido-; el humo del tabaco, sin embargo, provoca enfermedades también en los que rodean al fumador, los llamados fumadores pasivos. Muchos señalan, con razón, que no haría falta una ley que prohibiera fumar en lugares donde puede entrar gente que no fuma.

Sería cuestión de buena educación y sentido común. Pero es igualmente cierto que sería ingenuo pensar que la gente se guía por la buena educación y el sentido común. Si así fuera, apenas harían falta leyes en general, no solo esta. Así que al final hay que legislar. Así pues, la solución parecería sencilla. Si el tabaco es tan malo, que lo prohíban completamente. Por supuesto no es tan sencillo, entrarían posibles problemas de mercado negro, etc., pero aunque se pudiera, vuelven a entrar en conflicto la salud y la libertad. Porque puede ser ilegal que envenenes a la gente a tu alrededor, pero no te pueden prohibir que te envenenes tú solo en tu casa, por ponerlo en términos sencillos.

Además, por supuesto, del dinero que generan los impuestos del tabaco, cada vez más caro, para el gobierno. De hecho, se permite venderlo en más sitios. Es un punto controvertido, ya que algunas fuentes señalan que lo que se podría ahorrar en gasto sanitario -por el tratamiento del cáncer de pulmón y demás- si se eliminara el tabaco compensaría con creces la pérdida del dinero de los impuestos. Sin embargo, quizá porque esto sería a más largo plazo, al gobierno le siguen interesando los jugosos impuestos inmediatos del tabaco.

En cualquier caso, esto de prohibir ±aunque no sea del todo± su consumo pero permitir su venta es un punto flaco que algunos, como el empresario de la imagen, que destrozó a mazazos la máquina de tabaco, han aprovechado para atacar esta ley. «Si no podemos dejar fumar en nuestros establecimientos, tampoco queremos que el gobierno gane dinero con los impuestos del tabaco que vendemos», han venido a decir. Y es que los hosteleros, en su gran mayoría, piensan que el hecho de prohibir fumar en los bares va a suponer poco menos que su ruina, dada la tradicional asociación del café o la cerveza al cigarrillo. Hay encuestas, aquí en Aragón, que señalan que el público acudirá más a los bares ahora que no huelen a humo, incluso hay ejemplos en Europa, y de países culturalmente cercanos, como Italia, donde la experiencia ha funcionado. Pero también hay ejemplos de lo contrario, y a ellos se agarran los hosteleros para anticipar su próxima ruina.

Un compromiso entre ambas posturas podría ser el establecimiento de bares de fumadores y bares de no fumadores. Pero eso es, poco más o menos, lo que se intentó en la última reforma del 2005. Se consiguió que se dejara de fumar en muchos sitios, como los trabajos, pero la mayoría de los bares eligió ser de fumadores, con lo que el problema siguió como estaba; aún más, los bares que dividieron su superficie en fumadores y no fumadores no han recibido ningún tipo de compensación que ahora, con la actual ley, se ha quedado sin utilidad.

En cualquier caso, la gente ha aceptado, aunque sea a la fuerza, la imposición, y aparte de algún llamativo caso, aireado en prensa, la mayoría del público no ha dado problemas. Se extienden las terrazas con calefacción para los fumadores empedernidos, e incluso de noche, sin cuerpos dedicados específicamente a la vigilancia, los ciudadanos respetan la norma. No parece que hagan falta denuncias ciudadanas, como las que parece que animó a hacer la ministra de Sanidad, para que la ley prospere. Ahora solo queda dejar que el tiempo pase para ver si los hosteleros tienen razón, y la cultura española impide disfrutar del ocio sin humo, o si esto es un paso para un futuro más sano...

 

 

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