Cuando se cruzan los cables y las pistolas

 

La masacre de Tucson, el último tiroteo en Estados Unidos, reabre el debate sobre la peligrosa combinación de desequilibrio mental y acceso sencillo a armas de fuego

Fernando Mantecón (El Periódico del Estudiante)

El pasado sábado, 8 de enero, la localidad estadounidense de Tucson (Arizona) vivió un violento episodio que ha conmocionado al mundo. Jared Lee Loughner, de 22 años, tiroteaba a una veintena de personas, matando a seis (entre ellas, una niña de nueve años) e hiriendo a otras 14. Entre los heridos estaba la congresista demócrata Gabrielle Giffords, que al parecer era el blanco principal de este brutal ataque.

Mientras se aclaran los entresijos de este ataque, si fue planeado o no, y se juzga a Loughner --que con toda probabilidad será condenado a muerte--, los medios van recordando otras masacres de una lista que cada vez es más larga en los Estados Unidos. Destacan la de Virginia, en el 2007 o la de Columbine, en 1999, que motivó el premiado documental Bowling for Columbine de Michael Moore.

El caso es que esto no es nada extraño en Estados Unidos, y cabe preguntarse si estas explosiones violentas, sean planificadas o no, son algo propio de aquel país. Para César Paumard, Psiquiatra, miembro de la Sociedad Aragonesa y Riojana de Psiquiatría, es más o menos así. "Hay un innegable componente cultural, con el folclore estadounidense de pistoleros y vaqueros; además, las facilidades para tener un auténtico arsenal en casa condiciona el tamaño de las masacres".

Y es que, al fin y al cabo, todos podemos tener una crisis de desbordamiento emocional con un acceso de violencia explosiva --que vendría a ser el nombre científico aplicado a cuando se te cruzan los cables-- se da en todos lados, el resultado varía dependiendo de las herramientas que tenga a mano el afectado en ese momento. Pero existen algunos tópicos falsos asociados a estos episodios, como explica el psiquiatra. "Se intentan analizar estas explosiones violentas tanto en mentes sanas como en enfermas, se tiende a pensar que son propias de algún trastorno mental, pero no está directamente relacionado". Dicho de otra manera, no todos los enfermos mentales son violentos, ni estar teóricamente sano nos libra de poder tener un arranque súbito de violencia. De hecho, estos arranques en enfermos mentales suelen ser más autodestructivos, los que manifiestan más tendencias homicidas en estos episodios son las personas teóricamente sanas.

El hecho de que a cualquiera le pueda pasar no implica que no haya ciertos patrones o perfiles que suelen caracterizar a los protagonistas de estos episodios. El dr. Paumard recuerda que en primer lugar suelen ser hombres, y además jóvenes. "Está comprobado que los adolescentes y jóvenes muestran más comportamientos violentos que otros grupos de población", explica el psiquiatra; "de ahí que en estas edades aumenten los índices de suicidio, accidentes de tráfico, etc.". Otros elementos típicamente presentes en este perfil serían los antecedentes de agresiones, que indican una personalidad violenta de por sí, y también el consumo de alcohol o drogas.

"En la adolescencia se está terminando de formar la personalidad, y si hay problemas de socialización por cualquier tipo de carencia, sea de recursos sociales, emocionales o intelectuales, se puede dar un mal manejo de la rebeldía adolescente y canalizarse en actitudes agresivas, sean explosivas o no", resume Paumard.

O dicho de otra manera, las mentes más débiles por cualquier causa, ya sea por condicionantes sociales o genéticos, tienden a ser más vulnerables ante la violencia, no saben dar respuesta a la frustración de otra manera. "En el cerebro humano está presente el instinto agresivo, que no tiene por qué ser malo, es útil para la supervivencia en origen, y actualmente para la competitividad o el afán de superación. Es lo que nos hace defendernos ante cualquier amenaza, el problema es qué es lo que cada uno de nosotros percibimos como una amenaza. Pero este instinto se encuentra normalmente en equilibrio con la inhibición de la violencia, que permite una convivencia normal. Sería como el acelerador y el freno de un coche", ejemplifica el psiquiatra. No podemos avanzar mucho con el freno siempre pisado, sin competitividad, pero si aceleramos todo el rato tendremos accidentes.

En cualquier caso, el experto insiste en que no hay que vincular estos episodios a la enfermedad mental, ya que cualquiera de nosotros, en determinadas circunstancias, podemos sufrir uno de estos brotes. No se trata de alarmar a nadie, solo de tener en cuenta las circunstancias que nos pueden llevar a ello. "Una persona puede ser equilibrada, pero tener un día en el que se le unan varias circunstancias negativas, por ejemplo, que le deje su novia, le echen del trabajo, etc. Si se combinan estos factores con algún tipo de problema desencadenante, puede haber una _ chispa que se canalice de forma imprevisible", explica.

En cualquier caso, y volviendo al origen, estos brotes violentos tendrán sin duda mucha menos repercusión sin se solucionan a golpes que a tiros, por lo que la cultura de pistoleros sigue siendo el rasgo que diferencia a estos terribles episodios en Estados Unidos y otros países. Pero sí es interesante pensar que no hace falta estar loco para tener un arranque de violencia... solo hace falta encontrarse en las condiciones precisas en el momento oportuno para tener Un día de furia, como en la película de Michael Douglas.

 

 

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