El ángel de Budapest

 

El diplomático aragonés Ángel Sanz Briz salvó la vida de 5.000 judíos húngaros durante el Holocausto, cuyo Día Internacional se conmemora este jueves

Fernando Mantecón (El Periódico del Estudiante)

El próximo jueves se celebra, por sexto año, el Día Internacional del Holocausto, recordando la matanza de alrededor de seis millones de judíos a cargo del régimen nazi durante la Segunda Guerra Mundial. Unos dos tercios de los judíos europeos fueron asesinados de forma organizada en pocos años. en medio de esa barbarie, hubo algunas figuras que intentaron paliar en lo posible los destrozos, figuras como el diplomático sueco Raoul Wallenberg, que se estima que salvó a unos 40.000 judíos o el famoso industrial Oscar Schindler, que a pesar de conseguir evitar la muerte de menos, alrededor de un millar, es mucho más conocida gracias al filme La lista de Schindler, de Steven Spielberg. Pero como dice el Talmud judío, y se recoge en la película, "Quien salva una vida, salva al Universo entero"; vamos, que el salvar vidas y resistir la crueldad no es una competición.

Lo que se conoce menos es que hubo un salvador de universos español, aragonés para más señas, que libró de la muerte a unos 5.000 judíos húngaros en aquellos años. El zaragozano Ángel Sanz Briz, que entre otros méritos fue el primer embajador español en China tras la revolución de Mao. Sin embargo, lo que más orgulloso le hizo sentir en vida fue su hazaña, de características similares a las comentadas de Schindler, Wallenberg --con quien estuvo en contacto-- u otros españoles también bastante desconocidos como José de Rojas y Moreno, en Bucarest, Bernardo Rolland de Miota en París o José Ruiz Santaella en Berlín, entre otros.

Ángel Sanz Briz nació en Zaragoza en 1910 --el pasado octubre se cumplía el centenario de su nacimiento, que pasó bastante desapercibido--, estudió derecho en Madrid y llegó al cuerpo diplomático español, con Egipto como primer destino. De allí, en 1944, le destinaron a Budapest. Fue precisamente el año en que las tropas nazis ocuparon el país. Sanz Briz comenzó a observar la crueldad nazi con los judíos. No queda muy claro si realmente sabía el destino final de los judíos --según algunas fuentes sí envió un informe a España relatando los horrores de Auschwitz--, pero en cualquier caso sí sabía que no les aguardaba nada bueno. Y, arriesgando su propia vida, decidió actuar. Llevó a su mujer, embarazada, y a su hija a España y volvió para cumplir su cometido.

Su posición no era fácil. Al inicio de los bombardeos alemanes huyeron casi todas las legaciones diplomáticas, permaneciendo solo cinco de países neutrales como era España. Él actuaba como representante de un país que no solo no era enemigo del Reich, sino que lo apoyaba, bajo el régimen de Franco. Así que tenía que andar con pies de plomo.

Pidió permiso a Madrid para cobijar a algunos de los judíos sefardíes (de origen español, descendientes de los expulsados por los Reyes Católicos), según una ley de principios del siglo XX que, en realidad, ya estaba derogada. Al parecer, las autoridades españolas no le dijeron ni que sí ni que no, pero él se quedó con lo primero y, según relatan algunos estudiosos, se lanzó al guetto judío al grito de "¿quién tiene algo que ver con España?" Solo encontró 45, y tenía permiso para 200 individuos.

Tampoco estos eran suficientes. Se tomó las cifras de forma abierta y convirtió los 200 individuos en 200 familias, que luego crecieron por una simple falsificación. En los documentos que entregaba a los judíos, ponía un número nunca superior a 200, para que un funcionario nazi no notara nada extraño en un primer vistazo, pero le añadía una letra aleatoria como número de serie. Así, de 200 judíos pasó a salvar a unos 5.200.

Otra dificultad fue la de alojar a los salvados, hasta que lograran salir del país. Para ello tuvo que comprar viviendas cercanas a la embajada y colocar carteles que indicaban que eran parte de ella. Puso dinero propio para alimentarlos, y según algunas fuentes para comprar las casas anexas también. Incluso tuvo que llegar a parar trenes llenos de sus judíos --como el la citada película-- o impedir que los sacaran de las casas. Para esto se ganó el favor del gauleiter (líder de zona) alemán en Hungría, Adolf Eichmann, realizando una donación en favor de los refugiados alemanes que habían sido expulsados por las conquistas de la URSS. Así, las milicias pronazis dejaron tranquilos a los judíos españoles.

Incluso cuando tuvo que irse, cuando iban a llegar los libertadores soviéticos, con los que España no mantenía relaciones, se quedó más tiempo del que le permitieron y dejó al cargo al italiano de origen judío Giorgio Perlasca, al que dio un pasaporte español para que le sustituyera e incluso le suplantara.

Visita: www.raoulwallengberg.net

 

 

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