La desdicha de Arthur

 

Yasmina Ramcola, La Salle Montemolín

Esta es la historia de un niño ruso llamado Arthur: Jugaba con sus amigos, iba a clase entre semana, practicaba fútbol los sábados y le encantaba comer gominolas, lo mismo que a todos los chicos de su edad. Se crió con su familia en su Rusia natal y sus padres le dieron todo lo que necesitaba y más, estaban continuamente dándole caprichos y complaciéndole. Así fue, Arthur se pensó tener el mundo en sus manos.

No hacía caso a sus padres, no prestaba atención en clase, no pasaba el balón a sus compañeros de equipo cuando jugaba al fútbol... Se pensó que siempre llevaba la razón. Sus padres ya no sabían qué hacer, ya que sus regañinas no servían para cambiar la forma de ver el mundo de Arthur.

Cuando Arthur cumplió los quince, por motivos de trabajo de su padre tuvieron que mudarse a Ucrania, un país que a Arthur no le agradaba en absoluto. Tal fue su enfado cuando se enteró de la mudanza que gritó:

--¡Ojalá mis padres no se preocupasen más por mi y me dejasen en paz de una vez!-- Por supuesto, Arthur no se dio cuenta de lo que acababa de desear.

Pasaron los meses y como Arthur era un sinvergüenza, se metió en más de un lío allí en su nuevo país. Cuando llegaba a casa con un ojo morado y llorando, no conseguía llamar la atención de su madre y su padre no se preocupaba de ponerle hielo; cuando suspendía un examen sus padres le felicitaban ¡y Arthur quería que le regañasen!.

Cuando jugaba al fútbol, sus padres no iban a verle y en cambio, a todos sus compñeros sí que les iban a ver. Arthur se dio cuenta de que era un desdichado. Quería que las cosas cambiasen y volvieran a ser como antes, con normas que cumplir, clases en las que atender, compañeros con los que jugar. Hay que tener cuidado con lo que se desea.

 

 

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