La planta de la...

 

Sara Marrón. Hijas de San José

La travesía por el Amazonas se nos había hecho interminable. Francis y Anita, los dos científicos de la expedición, estaban ansiosos por entrar en la selva y buscar el tesoro, como ellos lo llamaban, que habíamos ido a buscar.

Yo, la verdad, no tenía muchas ganas de desembarcar, solo de pensar en la cantidad de ampollas y picotazos que iba a tener que curar ya me cansaba antes de empezar.

En realidad íbamos en busca de una planta que solo crecía en medio de la selva y que, según Francis y Anita, tenía propiedades de rejuvenecer.

Al fin llegamos al poblado y desembarcamos. Allí nos esperaba el resto de la expedición, formada por nativos del lugar. Hicimos noche en las tiendas y de madrugada iniciamos la verdadera aventura.

Después de cinco días de durísima caminata y de haber sufrido todo tipo de picaduras y ataques de bichos raros llegamos al sitio que Francis y Anita tenían señalado en el mapa. Todos como locos nos pusimos a buscar la planta con las características que Francis nos indicaba. Pero no encontramos nada.

El nativo más viejo de la expedición preguntó a Francis qué era lo que buscábamos con tanto interés. Éste le enseñó la foto de la planta. El viejo se echó a reír y con él todos los nativos que le acompañaban.
--Esa planta solo crece cada cincuenta años y las últimas nos las comimos hace un mes. Cada cincuenta años venimos a este lugar. Yo es la cuarta vez que vengo.

Francis, sorprendido, preguntó:
--Pero, ¿cuántos años tiene usted?
--Ciento ochenta --contestó el anciano.

Entonces nos dimos cuenta de que teníamos que esperar cincuenta años. La verdad, un poco viejos para volver a repetir la aventura.

 

 

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