Ciberbullying

 

Un 10% de los adolescentes españoles de 16 años sufren 'ciberbullying', un problema que el excesivo uso de internet y las redes sociales está facilitando

Fernando Mantecón (El Periódico del Estudiante)

Casi el 10% de los menores son víctimas de cyberbulling, una modalidad de acoso por internet, que afecta sobre todo a las adolescentes de 16 años, según un estudio realizado por el Instituto de la Juventud (Injuve). Esta noticia aparecía publicada el pasado martes, 8, con motivo de la celebración del Día de Internet Seguro. Y es que el problema de la combinación del tradicional acoso escolar con las nuevas tecnologías da un fruto difícil de erradicar. Esta ciberviolencia entre iguales, si bien resta componente físico, agrega al acoso unas características nuevas que lo hacen aún más peligroso.

Así se señala en diversos informes a cargo de Juan Antonio Planas, presidente de la Asociación Aragonesa de Psicopedagogía, que cuenta con sobrada experiencia en el estudio de este problema. Estas características propias del ciberbullying serían, fundamentalmente, la "omnipresencia espacial" que impide "ocultarse" a la víctima del acoso --es decir, no solo tiene que soportar los abusos en clase sino en la red, cuando esta es un entorno en el que cada vez se pasa más tiempo--; por otro lado, el acosador goza de nuevas ventajas como el anonimato, o el no tener que coincidir físicamente con la víctima.

Esto a su vez provoca una menor percepción, tanto del acosador como de los observadores, del daño infligido a la víctima, y una especie de prolongación de la típica actitud de "es solo una broma"; en este caso, "es solo en internet". Lo que, por otra parte, no suele ser verdad.

Siempre que se habla de este tipo de acoso suele pensarse en los ejemplos extremos, y también pueden ser un ejemplo de la extensión que puede alcanzar este problema con las nuevas tecnologías. Por ejemplo, siendo gravísima una agresión, no es lo mismo recibir una paliza que tener que revivirla o recibir burlas porque alguien la ha grabado con el móvil y la ha colgado en internet. Por otro lado, habría que preguntarse qué lleva a alguien a reírse de otro por haber recibido una paliza.

En cualquier caso, no hay por qué irse a estos extremos para hablar de ciberacoso. Desde estos casos más graves, donde también podría entrar el robar la clave de alguna red social para manipular su cuenta, hasta la difusión de rumores humillantes o mensajes amenazantes al móvil, o colgar una foto comprometida sin permiso del que aparece en ella, todo forma parte del mismo problema. Un problema que deriva del uso cada vez más frecuente que los jóvenes hacen de las nuevas tecnologías.

Los informes, con datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) en octubre del 2009, indican que el 82% de los niños y niñas de entre los 10 y 15 años usan Internet habitualmente y, de estos, el 64% navega sin tutela. También se calcula que más de un 70% del alumnado de Secundaria usa las redes sociales en su tiempo de ocio. Los trabajos en torno a estos temas hablan de una especie de cultura de habitación, en la que los adolescentes, celosos de su intimidad, se encierran en sus cuartos sin supervisión a la hora de utilizar estas redes.

Un gran porcentaje sigue prefiriendo salir con los amigos, pero los jóvenes con dificultad para relacionarse encuentran un refugio cada vez mayor en estas redes. Y si este tiempo pasado en la red sin control se aprovecha para el ciberbullying, es difícil de controlar. Las pistas para identificar los distintos actores implicados en este proceso acaban siendo similares a las del acoso físico, ya que los actores implicados son también similares.

Por un lado está el acosador, cuyo perfil suele corresponder con un individuo de baja autoestima, violento y con poca capacidad de empatía, de ponerse en el lugar del otro. Por otro la víctima, también con problemas para relacionarse. Las víctimas tienen muchos obstáculos para salir de esta situación: Por un lado, suelen tolerar las primeras supuestas bromas, insultos o intimidaciones, con la esperanza de que "ya les dejarán en paz"; sin embargo, la aceptación suele propiciar una espiral de abusos cada vez mayores. Por otro lado, los adultos suelen menospreciar la importancia del problema, calificándolo como "chiquilladas" o "bromas". Además, el juego de los acosadores, también en la red, suele colocarles el sambenito de "chivatos" o "nenazas" cuando tienen el valor de denunciar.

Y por último, y a menudo tan importante como el primero, son los observadores, que refuerzan la posición de dominio del acosador con el simple silencio ante la situación, cierto apoyo --que puede ser simplemente una sonrisa o una broma-- hasta la participación activa, que la red también facilita. En cualquiera de los tres papeles, hay que echarle valor para salir de esta situación.

Visita: www.ciberbullying.org y www.podemosayudarte.com

 

 

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