Auschwitz en la memoria

 

Los alumnos del IES Río Gállego conmemoraron el Día Internacional del Holcausto con una exposición

Jorge Morón Vidal y Cristina Hernando Alonso

El 27 de enero de 2011 tuvo lugar el aniversario de la liberación de una de las mayores fábricas de sudor, muerte y lágrimas que jamás se hayan visto: el campo de concentración y exterminio de Auschwitz. Con motivo de este hecho, en el IES Río Gállego se realizó una exposición sobre el Holocausto nazi. La exposición consta de una serie de 39 fotografías presentadas como 20 afiches en blanco y negro y de un documental sobre Auschwitz, con el objetivo de presentar las barbaries cometidas por los nazis para poner solución al problema judío.

Tras una época de grandes crisis (periodo entreguerras), los nazis ascendieron al poder con Adolf Hitler como líder. Nada más se hubo producido este ascenso, los nazis comenzaron a atentar contra los derechos humanos, por ejemplo, aboliendo la democracia. Una de las máximas de este colectivo era la supremacía del ario, así como la inferioridad del judío. Poco a poco estas aspiraciones se extendieron como una pandemia de racismo y opresión.

En 1933, los ideales pasaron a ser enseñados en las escuelas. A los judíos se les privó de derecho mediante las leyes de Nuremberg (1935). Después, comenzaron a ser perseguidos y encerrados en ghettos que tenían como objetivo aislar a los judíos. A menudo estaban delimitados por un muro y una alambrada, donde los judíos malvivían precariamente.

En 1941, los nazis decidieron poner fin a la judeidad europea mediante la matanza masiva en campos de exterminio. Los judíos eran deportados, transportados a los campos, seleccionados y condenados a muerte o a la explotación (al fin y al cabo, otro método de exterminio). El mayor campo fue el de Auschwitz-Birkenau, en la frontera alemana con Polonia. En estos campos los judíos perdían todo resquicio de humanidad. Su nombre era sustituido por un número, se les imponían horarios hasta para ir al baño, se realizaban experimentos médicos con ellos y se les eliminaba. Algunos ni siquiera pasaban a los barracones sino que eran conducidos directamente a las cámaras de gas para, una vez muertos, ser quemados o arrojados a las fosas comunes. Al final de la II Guerra Mundial, los campos de concentración fueron liberados.

El mundo entero se enteró de las brutalidades cometidas por el gobierno del III Reich. Los supervivientes de esta masacre prestaron testimonios como este:

"De repente se acabó la esperanza. La puerta se abrió ruidosamente. En la oscuridad resonaron órdenes en lengua extranjera. Como alaridos salvajes brotando de la boca de los alemanes, al tiempo de dar órdenes. Parecía como que volcaban una furia ancestral. Los reflectores iluminaban una zona muy amplia. A cierta distancia del ferrocarril estaba estacionada una fila de camiones. Y nuevamente cundió el silencio.

Alguien tradujo: hay que descender con los paquetes y dejarlos abajo, al costado del tren. Instantáneamente temblaron las sombras sobre el andén. Temimos quebrar el silencio y, por lo tanto, cada uno arrojó sus bártulos y se puso a buscar a sus parientes, con incertidumbre, murmurando. Unos diez soldados SS estaban a un lado, con las piernas abiertas, impasibles. De pronto se esparcieron entre nosotros. Con rostros herméticos y voz sorda, empezaron a interrogarnos con rapidez, en un italiano defectuoso. No preguntaron a cada uno, sino al azar: '¿Cuántos años tiene?, ¿sano o enfermo?' Según la respuesta ordenaban marchar a una u otra dirección. En menos de diez minutos, seleccionaron a los varones aptos para trabajar. Qué pasó con los otros: las mujeres, los niños, los ancianos, no lo supimos entonces, y tampoco después. La noche los devoró, lisa y llanamente. En la actualidad, sabemos que durante aquella clasificación rápida y superficial, se fijó quién podía ser útil al Tercer Reich, con su trabajo, y quién no.

Así murió Emilia, una criatura de tres años; porque para los alemanes estaba claro como el agua que un designio de la historia los obligaba a matar a niños judíos. Emilia, hija del ingeniero milanés Aldo Levi, una criatura curiosa, feliz e inteligente. Sus padres consiguieron lavarla, durante el viaje, en el vagón repleto de gente, gracias a un maquinista alemán degenerado, que no obró según el reglamento, y estuvo de acuerdo en traer en un pequeño recipiente, un poco de agua tibia, que robó de la locomotora que nos transportaba a todos a la muerte. En menos de un segundo, desaparecieron los traicionados: nuestros padres, esposas, hijos. Casi nadie tuvo tiempo de despedirse de ellos en paz. Los observamos, por un momento, eran un bloque oscuro, en el otro extremo del andén, y en una fracción pequeña de tiempo, desaparecieron de nuestra vista."


Extraído de: Levi, Primo ¿Es éste el hombre? Tel Aviv, Am Oved/Sifriat Ofakim, 1988, págs. 14-20.

En este documento también se mencionan los grupos de judíos revolucionarios que optaron por combatir a los nazis en los bosques o en los mismos ghettos. Esta exposición nos ha abierto los ojos. En ella queda plasmada la brutalidad extrema y la total carencia de razón que llevó al régimen nazi a cometer estas masacres. De cómo un líder frustrado y mentalmente inestable fue capaz de doblegar a una población entera en defensa de unos ideales vacíos y sin fundamento. Esperemos que nos sirva de escarmiento para que jamás suceda nada parecido.

La exposición es propiedad de un profesor del IES Río Gállego y se puede solicitar su préstamo en el correo electrónico: iesrgazaragoza@educa.aragon.es.

 

 

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