Lo que el viento no se llevó

 

El anticiclón que afectó recientemente a la Península Ibérica volvió a sacar a la luz un problema de polución que normalmente las corrientes de aire y la lluvia disimulan

Fernando Mantecón (El Periódico del Estudiante)

Recientemente, el anticiclón que afectó a la Península Ibérica provocó que apareciera de nuevo un fenómeno aparentemente intermitente, la conocida como boina de contaminación, especialmente espectacular en las ciudades más pobladas como Madrid. El fenómeno fue ampliamente tratado en los medios, tanto fue así que parecía que todos nos acabáramos de dar cuenta de que existe polución en las ciudades. Pero producirse, se produce siempre, aunque habitualmente sea parte, como diría un cinéfilo, de lo que el viento se llevó.

Esto es particularmente cierto en Zaragoza, una de las ventajas --y es difícil encontrárselas-- del cierzo. Pero antes de nada, expliquemos un poco en qué consiste esta polución. Salvador Bello, jefe de Neumología del Hospital Universitario Miguel Servet de Zaragoza, explica que esta contaminación "tiene su origen en la combustión de materiales fósiles, como el carbón o la leña, aunque en países más avanzados como es el caso es más bien por el gasoil y otros combustibles. La combustión genera gases como anhídrido carbónico, dióxido de nitrógeno o dióxido de azufre, además de partículas en suspensión, todas ellas perjudiciales para el sistema respiratorio".

"De hecho --explica el doctor--, lo que forma esa boina son las partículas en suspensión, que son la parte visible. Los gases, aunque sean igual de nocivos, habitualmente no los vemos". Cecilia Foronda, experta en Calentamiento Global de Ecología y Desarrollo, explica que, como decíamos, "esta contaminación está ahí siempre, pero las altas presiones impidieron que el viento y la lluvia la dispersaran, como sucede habitualmente. El dióxido de nitrógeno va la atmósfera y en combinación con otros gases forma ozono troposférico, distinto al que protege la atmósfera, que provoca problemas de salud".

Estas afecciones, en palabras del doctor Bello, provocan "exacerbaciones de enfermedades crónicas --sus síntomas se agudizan-- como asma bronquial o bronquitis crónica. También favorecen infecciones respiratorias, ya que al inhalar tantas partículas nocivas el sistema respiratorio se ve sobrepasado en cuanto a las protecciones con las que habitualmente contamos". Foronda apunta que "afectan especialmente a los más débiles, como niños y ancianos". Así, estos días de calma atmosférica son, por el contrario, de ajetreo en las Urgencias de los hospitales.

En Zaragoza, a pesar de la bendición del cierzo, no estamos ni mucho menos libres de estos problemas. Saturnino Barbé, responsable de la sección de Contaminación de Ecologistas en Acción en Aragón, explica que los datos que se ofrecen en Zaragoza, provenientes de distintas estaciones de análisis repartidas por la ciudad, pueden resultar engañosos. "En el 2010 las emisiones se redujeron, quizá por medidas anteriores como la prohibición de calderas de carbón o el fomento de la bicicleta y el transporte público. Es una buena noticia, pero habrá que ver si se mantiene", advierte. "Sin embargo, también es cierto que en los últimos años se han ido eliminando las estaciones de muestreo de las zonas que más contaminación registraban, como en la calle Luis Vives, Miguel Servet, el Paraninfo de la Universidad o la Avenida Navarra". Así que, aunque los datos no se puedan calificar de negativos, sí que se podrían tildar de incompletos...

Visita: www.ecologistasenaccion.org y www.ecodes.org

 

 

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