Una gran experiencia

 

Dos alumnos de primero de bachillerato estuvieron tres meses en Canadá, donde pudieron disfrutar de experiencias 'de película'

Pedro Marcos y Andrés Soldevilla

Hace un año nos propusieron en nuestro instituto, el IES Luis Buñuel, un intercambio que consistía en un viaje de tres meses a la provincia de Ontario, en Canadá. La estancia iba a ser con una familia, de la cual vendría en febrero nuestro corresponsal a nuestra querida ciudad, Zaragoza. En un primer momento, nosotros, Andrés y Pedro, estuvimos recelosos. La idea de pasar tres meses lejos de nuestros amigos y familia no nos agradaba, especialmente porque dentro de esos tres meses en Canadá estaban también las fiestas del Pilar.

Finalmente dimos el paso y nos decidimos. Pero ir no era tan fácil como decir sí: tuvimos que rellenar mil papeles, textos en inglés, propuestas, explicaciones... Al final, y tras una entrevista personal, fuimos aceptados tres chicos de nuestro instituto y 30 más de toda España. Así pues, el 23 de agosto viajamos a Madrid, allí nos esperaban los que iban a ser nuestros compañeros de viaje (un viaje de diez horas, dado que al no haber vuelo directo a Toronto debíamos hacer escala en París).

Nos despedimos de nuestras familias y uno por uno fuimos llamados a facturar. Después, y con entusiasmo, cruzamos el control y todos nosotros nos pusimos a hablar, lo que nos hizo muy amigos. A la llegada a Toronto nos llevaron a un hotel. Todo era increíble: los camiones típicos norteamericanos, los Chevrolet, el típico autobús de escuela amarillo, todo era como en una película. Estuvimos dos días en aquel hotel. En el primero de ellos fuimos a las cataratas del Niágara, que eran impresionantes, tal y como nos las habíamos imaginado. Al día siguiente fuimos al centro de Toronto y, por supuesto, subimos a la CN Tower, mítico edificio de Canadá; más de uno contó allí el chiste más que sabido.

UNA ESTANCIA CURIOSA // Por la tarde llegaron las familias para recogernos e irnos a la que sería nuestra nueva casa. Uno por uno nos fueron llamando otra vez. Lo malo es que no nos tocaba juntos a ninguno, incluso muchos tuvieron que coger vuelos hasta su futura ciudad. A algunos les tocó cerca. A otros, a miles de kilómetros, como a Winnipeg. Nosotros tuvimos un poco de todo. Uno, Pedro, estuvo cerca, en Toronto, y el otro, Andrés, a unos 200 kms., en un pueblo cerca de la frontera con Estados Unidos. Ya con las familias nos fueron enseñando la buena vida del verano Canadiense. A ambos, nuestras respectivas familias nos llevaron a la casa de campo, al borde de un lago y en medio de un bosque, donde pescamos e hicimos fuego por la noche. Dos semanas después iniciamos las clases en el instituto. Era genial, como estar en una de esas series americanas, Glee o cualquier otra del estilo. Había animadoras, taquillas, el equipo de fútbol americano...

Todo fue fantástico. Hicimos montones de amigos y además, como el nivel educativo de Canadá era mas bien bajo, eso nos permitió pasar tres meses más de verano sin estudiar y sacando notas sobresalientes, a pesar de estar todo en inglés. Lo malo era la comida. La gente allí come fatal. Primero hacen un desayuno gigante y grasiento y después una gran cena. Excepto en los institutos, no existe una hora específica para comer, siempre van comiendo algo. Por ello, marcas como MC Donalds o KFC hacen caja. Pero los dos nos acostumbramos rápidamente a esta dieta.

Así pues, pasamos tres meses fantásticos, en los cuales tuvimos que hacer cosas nuevas todos los días. No es habitual ver partidos en vivo de la NBA o de la NHL (la liga de hockey hielo de Canadá y USA), o asistir a un concierto de country en Estados Unidos.

Pero todo llega a su fin y esto no fue una excepción. El 16 de noviembre acudimos por última vez a nuestro instituto; nos fuimos con honores eso sí. Uno de nosotros, Andrés, fue nombrado atleta del mes en su instituto y el otro, Pedro, se llevó la foto de honor como capitán del equipo de hockey hierba, con el cual había conseguido ganar un importante campeonato.

Tras los últimos abrazos y despedidas, nuestras respectivas familias nos llevaron al aeropuerto, donde nos reunimos todos de nuevo. Nos despedimos de nuestras familias en Canadá y nos dirigimos de vuelta a España, después de haber vivido una experiencia inolvidable.

 

 

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