Toc, toc, toc

 

Fabiola Sánchez Aguilera, IES Juan de Lanuza (Borja)

Toc, toc, toc, mi mamá va corriendo a abrir la puerta, soy yo que llego del colegio, me llamo Iris y tengo seis años, tengo síndrome de Down, no sé muy bien qué es eso, pero es una cosa que hace que seas rara, porque mis amigos no son como yo; tengo la cara muy plana y las orejas muy pequeñas, me cuesta hablar, a veces no me salen las palabras, pero me comunico bien con mis amigos.

Por la mañana mi mamá me despierta para ir al colegio, me ayuda a vestirme, pero casi lo hago sola; luego bajamos a la cocina a desayunar, un vaso de zumo y tostadas con mantequilla y mermelada, ¡me encantan! Cuando termino, me viene a buscar en coche la mamá de mi vecino Eduardo, él es mi mejor amigo; todas las tardes voy a su casa a jugar o él viene a la mía, jugamos a polis y cacos en mi gran jardín, o él a veces se trae su videoconsola y jugamos los dos.

En el colegio me divierto mucho con mis amigos, pero algunas cosas no las sé hacer. A veces me llevan con una profesora a una clase diferente, donde están Eduardo y unos niños más; en esa clase nos hacen dibujar, pero casi siempre hablamos. En el recreo me voy a jugar con mi amigas Eva, Raquel y Lorena; vamos al tobogán y a los columpios del recreo; cuando entramos a clase hay una profesora esperando a ver quién llega tarde.

Luego, cuando salgo del colegio a la una, me viene a buscar mi papá, y Eduardo y yo nos vamos a casa con él. Por la tarde, después de comer, viene un profesor a ayudarme con los deberes, ya que me cuesta mucho entenderlos y mi papá dice que es mejor. Mi papá está poco en casa, trabaja mucho y siempre está viajando; mi mamá trabaja en una guardería para niños como yo, pero siempre está conmigo en casa.

Hace tres días mis papás me dijeron que me iba a mudar, porque mi papá tenía otro trabajo en una ciudad lejana. Yo no quería irme, no podía estar lejos de mis amigas, de mis profesores y de Eduardo. Cuando nos fuimos de mi casa, llegamos a otra, que era muy grande, pero tenía un jardín pequeño, ya no podría jugar con nadie, pensé.

Al día siguiente mis padres me llevaron al colegio, era muy diferente al anterior, no conocía a nadie; me condujeron a mi aula, donde había niños muy raros, una llevaba gafas que eran como dos manzanas de grandes, la mayoría tenía la cara como yo, había muchos niños en sillas de ruedas, otros niños no tenían pelo e incluso algunos no podían hablar; en clase me hice amiga de una niña que se llamaba Ángela, ella me ayudaba en clase y en los deberes.

Pasaron tres años, y me fui haciendo cada vez más amigos y comprendí que los raros de mi escuela eran como yo. Mis padres me contaron que nos habíamos venido a vivir aquí por el colegio, que era el mejor, y además porque me tenían que operar, llevaba una cosa y me la tenían que quitar. Las semanas pasaron y el día doce me operaron, me pusieron mucha anestesia, y cuando desperté escuché: toc, toc, toc, y apareció Eduardo con un ramo de flores.

 

 

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