Visita al teatro

 

Los alumnos asistieron a la obra 'Luces de Bohemia' de Valle-Inclán

Sara Millán Guiu, 2º Bachillerato IES Pedro de Lun

La compañía de teatro El Temple lleva a escena de nuevo la obra del ingenioso escritor español Valle-Inclán, el drama titulado Luces de Bohemia. El autor de la obra, llamado en los antiguos manuales hijo pródigo del 98, refleja en ella la decadencia de España en la segunda década del siglo XX. Una decadencia social, política, literaria, etc., es lo que Valle transmite a través de lo que él quiso denominar esperpentos: la deformidad, la decadencia, la caricatura grotesca de las personas y de la realidad. Este es uno de los temas principales ±y hasta una forma técnica± desarrollados en Luces de Bohemia.

Máximo Estrella es el protagonista de esta obra. Es un poeta andaluz, «de odas y madrigales», que vive en Madrid con su esposa Madame Collet y su hija Claudinita. Max se ha quedado sin trabajo, los periódicos apenas publican sus artículos, y además, tiene dificultades para escribir a causa de su ceguera. El hambre, las injusticias sociales, los tumultos callejeros, la falta de convivencia respetuosa y hasta humana, conforman la atmósfera en la que se desarrolla la acción.

Luces de Bohemia es una obra que en su momento no se pudo representar, ni siquiera Valle la concibió para la representación, como artista adelantado a su tiempo. Uno de los motivos reside en la gran cantidad de lugares donde se ambienta la fábula. La casa de Max, la tienda o cueva de Zaratustra, la taberna de Pica Lagartos, los calabozos, el Ministerio de la Gobernación, la Buñolería Modernista, la calle tras el tumulto con los cristales rotos, la calle de la vivienda de Max o el cementerio. Aparecen también algunos animales entre los personajes de la obra, con sus propias intervenciones. La forma en la que está escrito también sigue resultando muy original. Las acotaciones resultan más líricas, más surrealistas, que descriptivas, lo cual sigue dificultando la representación.

En esto reside también el mérito de El Temple. La puesta en escena es impactante. El decorado resulta, en principio, sencillo. Además en el escenario del Colegio Jesús María El Salvador, al no existir telón, de inmediato nos encontramos con los elementos básicos que conforman el escenario a lo largo de toda la obra: cuatro paneles a modo de paredes metálicas, por un lado, y por la otra cara aparece el interior de armarios roperos, con algunas americanas dispuestas en las perchas. Combinando la disposición y cantidad de las mismas, con algunos escasos elementos escenográficos más --sillas y mesas, básicamente--, la compañía logra recrear absolutamente todos los espacios dramáticos de la obra ideados por su autor hace cerca de un siglo.

Con respecto al vestuario imitan vestidos un tanto pasados de moda, pero, ante todo, como característica sobresaliente, predomina el color gris, sobre todo en los personajes masculinos, lo cual facilita el cambio de ropaje y de personaje, que es el otro gran logro de la puesta en escena de la compañía: al igual que de una simple escenografía consiguen recrear todos los espacios, con un reducido número de actores (ocho), toda la población. Todo el repertorio imaginado por Valle aparece a lo largo de la representación. Los personajes femeninos, solo dos actrices, combinan más colores y tipos de vestido, y llama la atención por ello la utilización del color rojo, especialmente en la escena en que Max traba contacto con la joven prostituta.

El uniforme de los policías, el uso de un ordenador, la utilización de la vocalización sudamericana en uno de los personajes secundarios femeninos, parece un deseo de actualización de la trama. La música y los efectos sonoros son utilizados en la obra de forma puntual y acertada, pues lo importante es, sin duda, el diálogo, y de esta forma apenas hay otros elementos que complementen la audición. Los momentos de acompañamiento musical quedan de esta forma muy realzados.

Muy importante es la función de la iluminación; ésta es tenue a lo largo prácticamente de toda la obra y juega un papel fundamental propiciando un ambiente oscuro, ese ambiente oscuro de la España que quería expresar Valle-Inclán. La utilización de focos sobre determinados puntos del escenario o personajes, también subraya la importancia de esos momentos dramáticos.

Con toda la complejidad que conlleva esta obra, los actores han sabido ejercer, interpretar su papel, mejor dicho, sus papeles, en general múltiples, de forma brillante. Siguen fielmente el texto y resultan muy creíbles en sus cambios de carácter cuando incorporan a otro personaje diferente. Excepto dos que incorporan solo dos papeles distintos, el resto de actores interpretan más de tres y de cuatro, incluyendo los sonidos de los animales.

Hay que valorar especialmente el protagonismo que cobra el personaje de Max Estrella, sobre todo en el dramatismo con que expira a la puerta de su casa, de madrugada, su desfallecimiento, su desvarío mezclado con lucidez, su definición de la nueva técnica teatral del esperpento. Y tras este momento amargo y tenso, el actor aparece representando al Marqués de Bradomín, que asiste al entierro de Estrella junto a Rubén Darío, el poeta nicaragüense. Y aparece ataviado de forma que resulta un verdadero homenaje al creador de esta obra inmortal, obra que hemos tenido oportunidad de ver, escuchar y sentir, no solo leer y estudiar.

 

 

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