¿Prohibir... o permitir?

 

El éxito del modelo educativo de China en el último informe PISA ha reabierto el debate sobre el papel que los padres desempeñan en el rendimiento escolar de sus hijos y si es necesaria una mayor disciplina en los hogares y las escuelas

Laura Rabanaque (El Periódico del Estudiante)

Qué pasaría si tu madre no te dejara asistir a una fiesta o participar en una obra de teatro?, ¿cómo te sentirías si te obligara a ser el número uno en todas las asignaturas?, ¿y si te prohibiera ver la televisión o jugar al ordenador? Precisamente eso es lo que defienden las madres tigre, un nuevo fenómeno educativo made in China basado en una disciplina férrea con los hijos y en el rigor y la severidad elevado a la enésima potencia.

Amy Chua, una ciudadana norteamericana de origen chino, es la autora del libro Himno de batalla de la madre tigre, una especie de manual para padres con recetas para conseguir la excelencia en la educación de sus hijos. Según la autora, "es la coacción la que lleva a la excelencia". El libro ha levantado polémica en los Estados Unidos, donde Chua es profesora en la Universidad de Yale. Su modelo, y el del resto de las madres orientales, ha convertido a sus hijas en pequeños genios de las matemáticas y la música.

Pese a su extrema rigidez, los resultados de la educación de las madres tigres están a la vista. China ha desbancado a Finlandia del primer puesto del último informe PISA, que analiza el rendimiento de los estudiantes de más de 60 países a partir de unos exámenes que se realizan cada tres años a nivel mundial, con el objetivo de valorar la situación internacional del alumnado. Otros países asiáticos, como Japón y Corea, también se sitúan por delante del país nórdico.

Según el orientador de Educación Secundaria, Jesús Zapatero, el desarrollo y expansión de China a nivel económico, "por encima de la media", ha centrado las miradas en sus tasas de éxito escolar. En su opinión, Amy Chua pone de manifiesto muchas de las características de modelo educativo chino, en el que "prima el valor del esfuerzo", que choca con las pautas culturales y el modelo educativo occidental, "más democrático, abierto y participativo". Sin embargo, el método chino es aprobado por aquellos que creen que la "permisividad de los países occidentales es excesiva, lo que no quiere decir que los modelos sean comparables".

EL SISTEMA EDUCATIVO ASIÁTICO

El presidente de la Asociación de Psicopedagogía de Aragón, Juan Antonio Planas, explica que "en los sistemas educativos asiáticos los profesores son profesionales muy bien seleccionados, que obtienen las mejores notas y demuestran las mejores competencias emocionales", de ahí que gocen de un gran prestigio en la sociedad. Por otro lado, las mujeres dedican "gran parte de su tiempo" a la educación de sus hijos, y señala que el modelo familiar es "clave" en el rendimiento escolar. "El hecho de que la familia esté encima, estimule, fomente la autoestima y controle a su hijo repercute de forma positiva en su éxito escolar", asegura.

Es pedagógicamente "muy importante" que los padres se involucren en el aprendizaje de sus hijos, algo que no sucede en occidente, donde los padres pasan la mayor parte del tiempo fuera de casa, dejan a sus hijos solos o permiten que hagan lo que desean en cada momento. "Actualmente, se está constatando que este modelo permisivo de dejar hacer es muy perjudicial. Un niño tiene derecho a que se le castigue y a aprender las consecuencias de sus actos".

Según Chua, el 70% de las madres occidentales creen que el estrés de buscar el éxito académico no es bueno para los niños y que lo importante es tratar de que los niños vean que aprender es algo divertido. Las madres chinas, en cambio, creen que su hijo puede ser el mejor estudiante y que las buenas notas reflejan el éxito educativo de los padres. Es decir, si un niño suspende o no consigue buenas notas es por culpa de los padres, que no han logrado educar bien a su hijo.

No obstante, para Planas, el modelo chino de la madre tigre es "provocador y exigente", aunque en algunos aspectos puede ser positivo de cara a mejorar el rendimiento escolar. "No hay que exigir la excelencia a los hijos, aunque si lo mejor que cada uno puede dar de sí mismo. Los modelos extremos son negativos en educación".

Jesús Zapatero pone el acento en los costes que las sociedades orientales deben pagar por tener esas cotas de excelencia en educación. "Se persigue el éxito y la competitividad, pero no se educa en valores como la amistad o el compañerismo", indica. Según el orientador, "habría que preguntarse para qué se educa de ese modo, qué sucede con los alumnos que no logran alcanzan esas altas cotas de éxito y si ese éxito, una vez conseguido, es posible mantenerlo a largo plazo".

En los modelos occidentales existen competencias transversales a los conocimientos que imparten los profesores, como la capacidad de autonomía, el aprender a aprender, o las capacidades sociales y ciudadanas, que poco o nada tienen que ver con el modelo de las madres tigre. Zapatero concluye que "no existen las recetas mágicas en educación y es difícil compara modelos con trayectorias y culturas tan distintas".

 

 

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