Mi abuelo

 

David Garmón, La Salle Montemolín

Mi abuelo tiene 83 años y mide 1,60 metros. Su complexión, como es normal, es de un hombre mayor, con arrugas y mirada cansada. Camina con bastón, pero no por ello despacio.

Su cabeza tiene forma redonda. Sus ojos son marrones y están rodeados de múltiples arrugas. Su pelo, blanco por la edad, es escaso y corto. Sus pómulos, grandes y sonrojados. Su nariz, grande, capaz de oler mil y un aromas diferentes. Su boca, amplia, y de ella sólo salen sabios consejos y viejas batallitas.

Se podría decir que está un poco gordo para su estatura. Para su edad se diría que está bien, no hay quien le quite sus dos horas de paseo al día. Aunque toma muchas pastillas, está sano y robusto como un roble.

Su forma de ser es testaruda, pues siempre ha de tener la razón, pero no por ello es malo, sólo un poco cabezota. Una cualidad curiosa es que, pese a su edad, es imbatible jugando a las cartas o yo por lo menos no se ganarle.

No conozco defectos en él, pues es un buen hombre que no sería capaz de matar ni a una mosca. Gustos los justos: pasear por los campos recogiendo caracoles, ver un poco la televisión, jugar al guiñote y comer unos cuantos pastelitos el día de su cumpleaños.

Es analfabeto, pero no por ello idiota. Larga vida ha pasado por los ojos de este mi abuelo, anciano ya, pero con ganas de vivir. En Francia vivió unos años, pero en España conoció a mi abuela y ya pasadas las bodas de oro viven felices juntos.

Mi abuelo es bueno, sincero y gracioso. Le falla un poco la memoria, pero sigue siendo inteligente. Ojalá siga siendo así por muchos años.

 

 

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