Japón, en riesgo de fuga

 

El país nipón lucha por evitar el desastre nuclear en la central de Fukushima

Laura Rabanaque (El Periódico del Estudiante)

El mundo entero vive estos días pendiente de Japón después de que, el pasado 11 de marzo, un terremoto de 8,9 en la escala Richter y un tsunami con olas de hasta 10 metros de altura, devastaran la costa noreste de la isla del Pacífico y provocaran graves daños en la central nuclear de Fukushima I. A lo largo de la semana pasada, las explosiones en cuatro de los seis reactores de la central produjeron fugas de materiales a la atmósfera, en su mayor parte radioactivos.

Fernando Castejón, de Ecologistas en Acción, explica que "los cuatro reactores de la central de Fukushima que estaban funcionando en el momento del terremoto resultaron dañados y quedaron en una situación crítica". Cuando sucedió el terremoto, los reactores de la central nuclear pararon su actividad, pero el núcleo estaba muy caliente y existía riesgo de fusión. "El único método de evitar la fusión era enfriar los reactores, pero los sistemas normales de enfriamiento no funcionaron porque llegó el tsunami".

Los técnicos de la central de Fukushima I trabajaban la semana pasada por tratar de evitar la fusión de los reactores, lo que produciría una liberación de radioactividad a gran escala y de sustancias contaminantes de muy larga duración. Según Castejón, "la exposición a la radioactividad tiene efectos para la salud de las personas y el medio ambiente. En el primer caso, produce enfermedades como el cáncer, malformaciones congénitas y afecciones del sistema inmunológico, entre otras cosas".

En opinión de el que fuera catedrático de Astrofísica de la Universidad de Zaragoza, Miguel Ángel Hidalgo, lo que está sucediendo en Japón es "la peor situación que se puede dar en un complejo de esa categoría". El experto señala que, independientemente de que Fukusima haya aguantado un terremoto de esa magnitud, "el núcleo ha quedado sin refrigeración", y enfriarlo ahora es difícil porque "la temperatura dentro de los reactores es tan alta, que al echar agua esta se disocia y genera hidrógeno, que es lo que ha provocado las explosiones y la posibilidad de que se produzcan mayores daños en el caparazón que encierra al reactor nuclear".

Las consecuencias que el desastre de Fukushima puede tener para Japón y otros países son imprevisibles. Según detalla Hidalgo, "cuando se produce la fusión en el reactor, el combustible que hay en el núcleo (en este caso, uranio) se licua junto al hormigón y desciende al interior de la tierra", lo que provoca la contaminación de la capa freática y los acuíferos subterráneos. La fusión liberaría también partículas radioactivas a la atmósfera, aunque estas, según Hidalgo, "se irían disipando si siguen la dirección del viento predominante, que sopla hacia el Océano Pacífico". Por tanto, que la nube llegue a otros países, "depende de la meteorología".

ENERGÍA EN ENTREDICHO El suceso de Japón ha levantado la alarma en Europa sobre la seguridad de las centrales nucleares. Japón es uno de los países más avanzados en tecnología nuclear, precisamente por su alta exposición a los seismos --la isla se ubica en una de la zonas sismológicas más activas del planeta: la falla de San Andrés--. Sin embargo, tal y como señala Hidalgo, "ante un seísmo y un tsunami de esta magnitud no hay nada seguro". En España, desde el punto de vista del terremoto, no "podría ocurrir nada parecido".

Fernando Castejón, de Ecologistas en Acción, coincide en que "en España no cabe esperar un terremoto de la escala del que ha tenido lugar en Japón". Sin embargo, "no cabe excluir algún suceso improbable que afecte a las centrales nucleares españolas". Actualmente existen en España ocho centrales nucleares en funcionamiento. La central de Garoña (Burgos) es "la más antigua" y es gemela del reactor número 1 de Fukushima, explica Castejón. La central de Cofrentes, en Valencia, también funciona mediante un sistema parecido al de la instalación nipona.

Miguel Ángel Hidalgo considera que el futuro de la energía nuclear "pasa por utilizar otro tipo de tecnología y de combustible que no suponga tanto riesgo en caso de accidente". Fukushima es una central nuclear de los años 60 y 70 que utiliza varillas de uranio, "elementos fisionables de un número atómico más alto". No obstante, según explica el ex catedrático de astrofísica, "ya existen centrales de cuarta generación que utilizan otro tipo de combustibles y no utilizan la fusión, sino aceleradores de partículas".

El especialista señala que la nuclear es más rentable que otras fuentes energéticas. "La energía está en la materia y el átomo es energía condensada, por eso hay que investigar y mejorar la extracción de esta energía de la forma más segura", asegura el astrofísico.

 

 

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