Solo

 

Marcos García, Colegio Cristo Rey

Estás solo. Abrió los ojos y se incorporó en la cama. Se puso sus zapatillas de estar por casa y bajo las escaleras despacito, para que nadie le oyera. Atravesó el pasillo hecho de oscuridad y sombras y se dirigió a la cocina. Una vez allí, tomó un vaso de zumo. Al terminarlo, fue velozmente al salón a ver la tele, pero para su sorpresa, por mucho que cambiase de canal, la tele seguía emitiendo rayas blancas y negras, nunca mostrando ni una sola imagen. Fue corriendo a decírselo a sus padres, pues nuestro amigo apenas tenía ocho añitos, pero cuando llegó, no había nadie.

Asustado, busco por toda la casa señales de algo que pudiera delatar cualquier señal de vida. Enseguida, rompió a llorar, pero, por mucho que pasara el tiempo, nunca venía nadie a consolarlo. Cuando se cansó de llorar, decidió llamar a alguien con el teléfono, pero lo único que emitía era un simple "Piiiiiiiiiiiiiii...", así que se fue corriendo de casa atemorizado y a la vez desconcertado. Cuando llegó a la calle, reinaba el silencio, que únicamente se rompía por el sonido de la lluvia que caía sobre la desierta calle. Corrió llamando de puerta en puerta y tocando todos los timbres que veía, pero jamás contestó nadie a uno solo de ellos. Sin embargo él siguió corriendo de calle en calle, sin resultado. Atemorizado, rompió a llorar otra vez, pero en este momento, su llanto quedaba ahogado por el repiqueteo de la lluvia en el suelo. Al final, volvió a su casa, empapado de los pies a la cabeza, no tuvo problemas para entrar, puesto que con las prisas, se había dejado todas las puertas por las que había pasado abiertas. Cuando se disponía a entrar por la puerta de casa, resbaló con algo y se dió un golpe en la cabeza. Ya con la moral destruida y con un pesar que no se puede describir con palabras, se levantó y se fue para el cuarto de sus padres. Cuando entró, la sorpresa que se llevó fue monumental: Sus padres estaban durmiendo plácidamente sobre la cama.

--¡Papá, mamá! --exclamó--. Los padres se despertaron sobresaltados diciendo: --Hijo, ¿qué te ocurre?. --¿Dónde estabais?, os he estado buscando por todas partes. --Durmiendo aquí, como siempre. Contestó la madre algo enfadada --¡Pero si os he buscado por todas partes y no estabais, y no había nadie, solo yo. --No digas tonterías. Fue corriendo a la ventana.

Los coches pasaban velozmente por la calle, el sol empezaba a salir, y en la calle no había ni un solo signo de que hubiese llovido en toda la noche. --Pero, si... si no había nadie--, dijo el pequeño. --Habrá sido una pesadilla, --dijo el padre-- y ahora, vete a dormir, que es muy pronto.

El hijo subió a su cuarto, todavía algo desconcertado por todo lo sucedido y se dispuso a echarse a la cama cuando se percató de algo. Tenía el pijama y sus zapatillas empapadas.

Podría convenceros de que solo fue un sueño, podría deciros que la mente de nuestro amigo le traicionó, pero la duda seguiría siendo la misma: ¿Sería eso verdad?, ¿o acaso hay otra explicación?, ¿podemos fiarnos de nuestra lógica? ¿o por el contrario, debemos obedecer a los instintos? Podría deciros la respuesta... o podría no hacerlo.

 

 

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