No solo sonidos

 

Aprender a tocar un instrumento favorece la concentración y la creactividad y ayuda a ser crítico con la música que escuchamos

Laura Rabanaque (El Periódico del Estudiante)

La música está muy presente en todos los ámbitos de nuestra vida. Seguro que muchos de vosotros no podéis salir de casa sin vuestro mp3 para escuchar la radio o las canciones de vuestro grupo favorito mientras vais en bicicleta, en el autobús o simplemente andando por la calle. También cuando vemos una película o una serie de televisión y vamos de compras al centro comercial, la música está allí, jugando un papel esencial en la transmisión de emociones, sentimientos e información. Conocer el lenguaje musical y aprender a tocar un instrumento tiene efectos positivos en las personas, al mismo tiempo que ayuda a ser críticos con la música que escuchamos.

Pese a su importancia, la educación musical no vive actualmente uno de sus mejores momentos. Con la aplicación de la última Ley de Educación (LOGSE), se redujo el número de horas destinadas a la enseñanza de la música en los colegios. Ahora la música forma parte de las capacidades a adquirir dentro de las materias de educación plástica y expresión y es un contenido transversal en otras asignaturas, como la Historia.

El profesor y musicoterapeuta, Miguel Ángel Diví, destaca la importancia que la educación musical tiene para el desarrollo de otras capacidades en los alumnos. "La música ayuda a mejorar la atención y estimula la memoria, aportando beneficios en el estudio de otras materias", explica. Y es que, en la clase de música, se enseña a los alumnos un nuevo código de comunicación que está relacionado con las matemáticas y el lenguaje, y que "estimula la creación e imaginación".

Además de aumentar la capacidad de concentración, aprender música es también fundamental para desenvolverse bien en otros ámbitos de la vida. Y no solo porque el día de mañana algunos de vosotros quizá os dediquéis a ser locutores de radio, directores de cine o trabajéis en un negocio en el que la música o los conocimientos musicales sean importantes para atraer clientes.

No. La enseñanza de la música va más allá de aprender a tocar un instrumento o conocer canciones y grupos de música de distintas etapas históricas. Según Miguel Ángel Diví, "el aula de música es también un espacio de encuentro para tratar problemas de comunicación y de relación entre los alumnos". Al realizar y compartir ejercicios con todo el grupo, la clase de música "facilita la integración y ayuda al alumno a socializarse y a mejorar la relación con el resto de sus compañeros". Por eso, en este espacio, "se permite una mayor expresión de los niños y jóvenes y no tanto del profesor".

Los expertos recomiendan aprender a tocar un instrumento a partir de los cinco años. Según el director del Conservatorio de Música, Pedro Purroy, "existe mucha precocidad en el aprendizaje de la música, y cuanto antes se detecten las capacidades del niño, antes se pueden potenciar". En cuanto a los efectos que el aprendizaje de la música y de un instrumento, tienen para los niños y adolescentes, Purroy señala que los niños que trabajan un instrumento tienen más disciplina y regularidad en el trabajo y aprenden a valorar el esfuerzo a través de la compensación que reciben con este aprendizaje, que para ellos es un juego. Además, para el especialista, "otro de los beneficios de este tipo de educación es el incremento de la sensibilidad de los jóvenes y la estimulación del cerebro a través de un nuevo código".

Pero aprender música no significa necesariamente que todas las personas podamos convertirnos en grandes músicos. Lo que si parece claro, según Purroy, es que "todos acabamos convirtiéndonos en grandes consumidores de sonidos". Por ello, estar en contacto con los instrumentos nos permite, además de captar sonidos, saber cómo producirlos. Como ya hemos visto, la música está muy presente en la actual sociedad de consumo, y cuanto más la conozcamos, más capacidad tendremos para reflexionar y ser críticos con la música que consumimos.

Para el director del Conservatorio Superior de Música de Aragón, Pedro Purroy, existe una gran diferencia entre la música más elaborada, que aprenden los alumnos de los conservatorios profesionales, y la música comercial, que es la que mayoritariamente escucha la gente joven. Ambas tienen distintos niveles de complejidad y, por tanto, distintos efectos. "Mientras que la música más compleja estimula el cerebro al aprender un nuevo lenguaje, la música comercial o música de consumo busca el placer inmediato a través de sonidos muy básicos, casi primitivos. Por eso en ocasiones está relacionada con el consumo de drogas y alcohol, sustancias que favorecen la desinhibición", dice el experto.

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