Mi amiga

 

Paula Fernández, Colegio El Pilar Maristas

Tengo catorce años y vivo en Zaragoza. Voy al instituto pero no tengo muchas amigas. Solo tengo una. Se llama María y ha sido mi amiga desde los cuatro años. Ese día al salir de clase se acercó a mí Patricia, la chica más popular del instituto, y me preguntó si quería ir con ella y con sus amigas a dar una vuelta después de clase. Yo siempre había querido ser popular, así que le dije que sí. Fuimos a tomar algo a un bar cercano. Empezaron a hablar mal de María, pero yo les seguí la corriente porque quería ser su amiga. Cuando me preguntaron que tal me caía respondí: "Me cae mal, en realidad solo voy con ella porque no tengo a nadie más". En ese momento me giré y ahí estaba María. Me había escuchado y ahora corría a su casa. No me preocupé porque estaba cumpliendo mi sueño: estar con las populares. En los días siguientes fui con las populares, pero echaba de menos a María. Intenté hablar con ella pero no me escuchaba.

Un día, cuando me dirigía a casa después de clase, un hombre salió de una esquina con un cuchillo y me dijo que le diera todo lo que llevaba. En ese momento pasó por allí Patricia y, al verme, corrió asustada en dirección contraria en vez de ayudarme. Al momento escuché una voz familiar detrás de mí: "¡Déjala en paz!". Era María. El atracador, asustado, salió corriendo. Yo me giré y le dí las gracias a María: "Siento lo que te dije y haberme portado así". Le dije. Ella respondió: "No importa". Entonces me acordé de cómo había reaccionado Patricia y me di cuenta de que en realidad no era mi amiga. También comprendí que no importa ser popular, lo que de verdad importa es tener una amiga que siempre esté dispuesta a ayudarte.

 

 

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