El desastre financiero

 

Lo que comenzó como un problema inmobiliario en los Estados Unidos se ha convertido en una gran crisis económica mundial

Laura Rabanaque (El Periódico del Estudiante)

La crisis económica que comenzó en el 2008 parece no tener fin. Lejos de reducirse el número de parados o de aumentar los préstamos de los bancos a las empresas para que éstas desarrollen su actividad, los problemas financieros de los países europeos no sólo no se solucionan, sino que se agravan cada vez más. El euro se tambalea por la amenaza de banca rota en Grecia y por la situación en España e Italia, que no logran que los inversores compren su deuda soberana. En nuestro país, el gobierno decidió hace unas semanas reformar la Constitución para imponer un límite al déficit público, es decir, al dinero que gastan las administraciones públicas en prestar sus servicios, pagar a sus empleados o invertir en infraestructuras, y que no se recupera con la recaudación de las tasas e impuestos.

Para entender las consecuencias que la crisis tiene actualmente en la economía española, hay que explicar cómo se originó todo. La crisis financiera de nuestros días comenzó en Estados Unidos a finales del año 2006. Habían sido unos años de bonanza económica y los norteamericanos tenían mayor poder adquisitivo, o sea, más dinero. Los bancos, alentados por la buena marcha del sector inmobiliario, decidieron conceder créditos para la compra de casas a personas sin los ingresos suficientes o sin un trabajo estable. Eran créditos hipotecarios, así que si el cliente dejaba de pagar su deuda, la casa pasaba a manos del banco.

Los bancos pensaban entonces que los precios de la vivienda subirían en unos años y que esta gente podría pagar su deuda sin problemas. Para compensar el riesgo, los bancos prestaban el dinero a un interés alto. El interés es una cantidad de dinero que se paga por un préstamo bancario. Por ejemplo, si una persona solicita 100.000 euros al banco para comprar una casa, a la larga tiene que devolverle 130.000 euros.

Como las cosas marchaban bien, los bancos prestaban el dinero a un interés cada vez más bajo. La gente pagaba menos por los préstamos y se animaba a endeudarse. De tanto prestar, los bancos se quedaron sin dinero en efectivo, o lo que es lo mismo: sin liquidez. Para conseguir dinero y seguir prestándoselo a la gente, los bancos vendieron a otras entidades la deuda que las personas adquirían con ellos para comprar su casa, así que las personas que le debían dinero al banco, pasaban a debérselo a otras entidades.

Como las casas se vendían muy bien, llegó un momento que había una oferta excesiva de viviendas. Al mismo tiempo mucha gente no pudo pagar sus deudas y las viviendas que habían comprado volvieron a manos del banco. Los bancos se encontraron de repente con que tenían un montón de casas pero no tenían dinero, así que tuvieron que vender las casas para recuperar la cantidad que habían invertido --el dinero de los préstamos--. El precio de la vivienda había bajado, así que los bancos perdieron dinero, al mismo tiempo que lo perdían las instituciones que habían comprado deuda a esos bancos. Y es así como un problema inmobiliario que tuvo lugar en los Estados Unidos se transformó en una crisis financiera mundial.

Ahora os preguntaréis por qué este problema se extendió rápidamente a otros países. El director general de Economía del Gobierno de Aragón, José María García, explica cómo se produjo este contagio: "Los productos financieros que incluían la deuda de las hipotecas estadounidenses fueron comprados por ahorradores de todo el mundo. Hubo demanda de inversión en Estados Unidos y había excedentes de ahorro en otros países, aunque no se sabía que estos productos eran incobrables". Es decir, el dinero que las entidades de inversión utilizaban para comprar la deuda a los bancos de EEUU procedía de personas que, en cualquier país del mundo, ingresaban el dinero en el banco de debajo de su casa para invertirlo en productos financieros que le reportasen beneficios. Nadie sabía que asumían deudas de personas que nunca podrían pagarlas.

LA RECESIÓN

La situación de los bancos y de las entidades financieras provocó el desplome de las bolsas de comercio, que son los lugares donde se realiza la transacción del valor de las acciones o de los títulos de propiedad de una empresa. Como las bolsas bajaron drásticamente, los países también bajaron sus expectativas de crecimiento económico y anunciaron su entrada en recesión. Un país entra en recesión cuando acumula más de dos trimestres de caída en su Producto Interior Bruto (PIB) --valor en términos monetarios de la producción de bienes y servicios en una nación en un periodo de tiempo concreto.

Cuando los países tienen menos dinero e ingresos, el consumo también disminuye. Las personas ya no compran, luego disminuye la demanda. Al disminuir la demanda, los precios también disminuyen. Las empresas empiezan a producir menos y, por tanto, no necesitan tantos trabajadores, así que comienzan a despedir a gente, lo que deriva en un aumento del paro.

Según indica José María García, "la crisis económica fue un fenómeno mundial pero en cada país tiene su componente". En España, la crisis ha generado una tasa de paro del 20% de la población activa, la mayor de Europa. Además se han destruido muchas empresas y las administraciones públicas han tenido que endeudarse cada vez más para seguir asumiendo sus gastos, lo que se conoce como déficit público. Y todo esto ha sucedido de una forma muy rápida. "Solo en un año España paso de tener un superávit (el Estado ingresa más dinero del que gasta) del 3% a tener un déficit (El Estado gasta más de lo que ingresa) del 11%", explica José María García.

Para el experto, todavía no se han tomado las medidas adecuadas para salir de la crisis. "No hay Premio Nobel que se atreva a decir cuando acabará la crisis, que afecta de forma diferente a cada país". Aunque vosotros si podéis hacer cosas para mejorar la situación. "Los estudiantes tienen un trabajo fundamental, que tienen que tomarse en serio, que es formarse. Primero por su propio interés, y luego para poder alcanzar puestos de trabajo más cualificados que generen mayor valor añadido y con mejores salarios". Para lograrlo, se necesita que estéis más formados, que tengáis más preparación en idiomas y que haya una adecuación de la formación a las necesidades de las empresas.
 

 

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