Belleza en el muro

 

Zaragoza se transforma en un gran lienzo para los artistas participantes en el "Sexto Asalto" de Zaragoza

Laura Rabanaque (el Periódico del Estudiante)

Coger unos sprays y ponerse a pintar sobre una pared o un muro es algo que cualquiera puede hacer. Pero hacerlo bien y conseguir dibujar algo que impresione a los viandantes y que podría colgarse en las paredes de un museo, es algo que solo pueden hacer los artistas grafiteros. El graffiti ha evolucionado desde sus inicios hasta alcanzar hoy en día la categoría de arte. Un arte urbano que fascina por el impresionante tamaño de sus dibujos, la fantasía de sus imágenes o el realismo de sus retratos. Sin embargo, a la hora de pintar no todo vale: "El arte urbano es graffiti, pero no todo el graffiti es arte urbano".

Así lo explica Spok, uno de los grafiteros participantes en el Festival Internacional de Arte Urbano Sexto Asalto celebrado la semana pasada en Zaragoza. Para Spok, "el arte urbano es la herencia del graffiti tradicional mezclada con los impulsos de gente que proviene del mundo de la ilustración y el diseño gráfico". En efecto, muchos de los artistas urbanos actuales tienen formación en alguna de estas áreas e incluso desarrollan grafismos y campañas publicitarias para grandes marcas internacionales. Spok, por ejemplo, estudió Bellas Artes, aunque reconoce que haber estudiado "no es una condición sin equanon" para ser un artista callejero, "ya que no se puede considerar un trabajo".

Lo que si tienen en común artistas y colectivos de street art es el pertenecer a una generación que vivió el auge del graffiti en las décadas de los 80 y 90. La costumbre de escribir el propio nombre en propiedades y lugares públicos es antiquísima, pero a finales de los años 60, se produjo una explosión de nombres sobre edificios y paredes en las ciudades de Filadelfia y Nueva York. Grupos de grafiteros escribían su camino con lemas políticos que reflejaban el cambio social que atravesaba el país.

Existen diferencias entre el graffiti tradicional y lo que hoy se considera arte urbano. Según Spok, "los tags (firmas grafiteras) no tienen validez artística, no tienen esa intención de convertirse en algo para contemplar", sino que son más una forma de reivindicación.

También hay diferencias entre el arte urbano y el convencional. El urban art utiliza la ciudad y sus calles como el mejor taller de trabajo, el mejor lienzo y la mejor galería. Eso tiene un inconveniente: su durabilidad. "Es parte del trabajo y es lo bonito, no tiene una duración", explica Spok. "Los artistas acumulamos fotografías de nuestros trabajos en disco duros, ya que la comunicación se hace a través de internet".

NUEVAS TECNOLOGÍAS

Las nuevas tecnologías también son una herramienta para que el arte urbano explore nuevos horizontes. Graffiti Research Lab es una federación internacional de artistas cuya misión es "equipar el graffiti y los artistas del arte callejero con las tecnologías de código abierto para la comunicación urbana". Una de las actividades que desarrolla el colectivo es el láser tag o graffiti láser. Jesse Scott y Semiramis Ceylan son dos miembros de la célula alemana del GRL de visita en Zaragoza para realizar talleres y demostraciones de esta nueva forma de arte urbano.

Semiremis Ceylan explica que el graffiti láser "es un sistema para pintar con un pequeño lapicero láser sobre un muro. Para ello es necesario una webcam, un ordenador y un proyector que refleje lo que estás pintando sobre el muro". Este colectivo alemán lo utiliza a menudo en Berlín. "Todas las instrucciones están disponibles gratis en internet, por tanto la gente puede consultarlas en la web y hacerlo ellos mismos", indica Jesse Scott.

El láser tag surge en el 2002 en Nueva York como una nueva forma de hacer graffiti. Semiramis Ceylan asegura que "tiene las mismas características que el arte urbano: es en la calle, sobre arquitectura y en espacios públicos", aunque cree que "es incluso más participativo que otras formas de arte callejero, porque invitamos a la gente a dibujar ellos mismos".

El graffiti láser no es permanente. "Es una luz que está ahí siempre y cuando el proyector esté encendido; cuando lo apagas, desaparece". Esto, lejos de ser un inconveniente, tiene múltiples ventajas: "Es muy instantáneo. No necesitas horas para hacer un dibujo, solo unos cuantos segundos". Otra diferencia con el graffiti convencional, según Semiramis, es la forma de pintar: "Tienes que acostumbrarte a dibujar con el lapicero láser, pero se aprende muy rápido".

Jesse Scott también señala que "pueden hacerse dibujos muy grandes". Acerca de las similitudes con el graffiti, el artista de Berlín explica que "ambos son una forma de transformar el espacio para la gente. No es permanente, pero la gente que lo ve puede recordarlo siempre e imaginar lo que podría ocurrir en la ciudad".
 

 

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