Una larga espera junto al árbol

 

Raquel Álvarez, 4º ESO La Salle Montemolín

Una vez me prometiste que nunca olvidarías aquella tarde de verano junto al río, bajo nuestro árbol. Después de unos meses de vacaciones compartiendo cada minuto de nuestro tiempo justos, me sentía como en un sueño del que no quería despertar.

No obstante, tú tenías que regresar a la ciudad, volver a tu vida y a tu rutina de siempre, y me prometiste que regresarías a verme cuando el verano siguiente comenzara de nuevo.

Si me llamaras, ¡ay, si me llamaras! Sentiría tu presencia una vez más, el temor a no volver a ver tus ojos se desvanecería, volvería a sentirte junto a mí al despertar. Pero no me llamas, y yo, llena de tristeza, sigo aguardando tu vuelta.

Pasa despacio el otoño. Las hojas de los árboles caen inexorablemente con el paso de los días y yo no sé nada de tí.

El invierno ha llegado, la nieve cubre el valle y el frío ha entrado en mi corazón. Estás lejos y el miedo a perder la maravilla de tus ojos se acentúa. Pasan los días y no sé nada de tí.

Al fin llega la primavera y con ella la esperanza de que regreses a mí. Las mismas flores parecen sonreír sabiendo la buena noticia de tu vuelta, tu regreso hasta este lugar en el que el año pasado fuiste tan feliz, pero pasan los días y todavía no se nada de tí.

Hoy me he levantado, ha comenzado el verano y no puedo contener mi alegría, sin embargo, voy a la estación y no estás allí. Y pasan los días y no se nada de tí.

Sincero prometí no olvidarte y así ha sido. Te siento cada día cerca de mí. Espero con impaciencia el comienzo del verano para poder volver contigo. Cada día, cada hora, cada minuto que no estoy a tu lado me siento vacío, necesito verte sonreír.

El frío ha pasado ya, y siento que estás más cerca. El verano va a llegar y por fin podremos estar juntos.

No voy a poder ir a verte, mi padre está muy enfermo y debo quedarme en la ciudad, espero que lo comprendas. Intentaré ir cuando termine el verano.

Mi padre ya está mejor y puedo ir a verte después de tanto tiempo, estoy deseando estar contigo.

He llegado al pueblo y no estabas allí. Me he enterado de que hace dos meses que te fuiste al bosque y no has regresado. Voy a buscarte, te necesito conmigo.

Él fue a buscarla y la encontró en el bosque, estaba bajo su árbol. Se acercó a ella, que sonreía tranquila y con los ojos cerrados, tumbó a su lado y permanecieron juntos para siempre.
 

 

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