La más bella

 

Eduardo Cabrera, 4º ESO La Salle Montemolín

Érase una vez, en un reino alejado de las grandes ciudades habitaba una de las princesas más bellas que yo jamás había visto. Era considerada una mujer capaz de enamorar a todos los hombres del planeta con su belleza. Se decía de ella que había rechazado a todos los hombres que había conocido, por muy guapos que fueran. Ella siempre decía: 'Espero a mi príncipe azul, un hombre al que de verdad quiera, que no tiene porqué ser el más guapo'.

Yo, un jardinero de ese reino, voy casa por casa cuidando de los jardines de todas aquellas familias que solicitan mi labor y, curiosamente, nunca había visto nunca a la princesa, pese a que todo el mundo me había hablado de ella. Eso cambió un buen día, cuando su padre, el Rey, me contrató para cuidar su jardín. Al ver por primera vez a la princesa me quedé fascinado con su belleza, aunque no pude más que disimular, pues yo no había ido a su casa para quedar enamorado de ella, sino para trabajar su jardín.

Desde el primer día, ella me observaba trabajar desde la ventana, con una bonita sonrisa. Un día se acercó a mí para hablar; me contó cómo se llamaba, su forma de ser y de repente yo sin saber por qué, le ofrecí dar un paseo por un paraje cercano a su casa. Ella aceptó y me dio una de mis mayores alegrías.

Me vestí como la ocasión se merecía, y ella llegó con un precioso vestido, muy elegante. Estaba muy nervioso, pero la cosa marchó bien. Me empecé a plantear si yo era la persona que ella esperaba. Hasta el final de nuestro largo y agradable paseo no me decidí a besarla. Pero ella enseguida me devolvió la realidad, huyó corriendo diciendo que se había equivocado y que yo no era el príncipe azul que ella estaba buscando, aunque hasta el momento era la mejor persona que ella había conocido. Me rompió el corazón y me dejó muy triste. Al cabo de unas semanas, un sirviente me contó que era el Rey quien había prohibido a la princesa tener hombres en su vida y que yo era la persona que ella amaba. Entonces huimos los dos a un lugar muy alejado del reino, donde su malvado padre no nos pudiera encontrar.

 

 

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