El camino de Santiago

 

Alumnos, profesores, trabajadores y padres participan en una actividad que recorre la senda peregrina durante el curso

Ana Díaz de Serralde, 1º Bachillerato IES Grande C

Desde hace mucho tiempo, el Departamento de Geografía e Historia del IES Grande Covián organiza actividades para sus estudiantes en relación con el Camino de Santiago. El núcleo principal de las mismas consiste en recorrer a pie trayectos del camino durante algún fin de semana del año. En estas caminatas participan tanto profesores y exprofesores, como alumnos y exalumnos, incluidos los propios padres y personal no docente.

El Camino de Santiago proporciona una excelente excusa para incorporar toda clase de conocimientos mientras se recorre el sendero. Además, el contacto entre los viajeros crea un clima que propicia una relación muy rica; compartir experiencias, penalidades, comidas y albergues ayuda a que sea más fácil sobrellevar los momentos duros que tienen todos los cursos escolares.

En un fin de semana al aire libre se aprende más que en un mes encerrado en un aula. Esto ya lo sabían los clásicos. Hace unos días la sierra de San Juan de la Peña, las orillas del río Aragón y dos de los monasterios más emblemáticos de nuestra historia fueron el escenario en el que dejamos nuestras huellas. Estamos deseando que llegue la próxima salida.

TODOS LOS CAMINOS LLEVAN...

El pasado fin de semana un grupo de alumnos y profesores hicimos una etapa del Camino de Santiago. El sábado madrugamos un poco y eso que dicen que a quien madruga Dios le ayuda, se puede decir que fue verdad; disfrutamos de un tiempo bastante bueno ambos días.

Nada más llegar a Jaca empezamos la caminata, anduvimos durante más de 2 horas hasta llegar al pueblo de Atarés. A la primera de cambio, algunos se montaron al autobús; los más decididos continuamos la marcha. Hay que aclarar que el siguiente tramo no era moco de pavo porque estuvimos caminando otras 3 horas por un terreno realmente duro.

Luego nos juntamos todos para comer un bocadillo en el campo; aunque no era un restaurante de cuatro tenedores, a falta de pan, buenas son tortas, y cuando se tiene hambre no hay pan duro.

Al terminar seguimos el camino hasta el Monasterio Nuevo de San Juan de la Peña y de nuevo algunos sacamos fuerzas de flaqueza y fuimos hasta el Monasterio Viejo. Luego sí, el autobús nos llevó a todos al hotel y, por fin, descansamos. Esto sirvió para conocernos un poco más y, después de cenar y alguna bronca ya entrada la noche, la mayoría caímos rendidos nada más tumbarnos en la cama.

Unos pocos se dieron cuenta de que la noche se hizo para dormir, al despertarse la mañana siguiente realmente muertos. Madrugar el domingo con el cansancio del día anterior costó un poco, pero con el desayuno cargamos las pilas. Después de ver la Iglesia de San Caprasio y el monasterio de Santa María emprendimos la marcha hasta Binacua, un poco más suave que el día anterior aunque igual de larga.

Dos kilómetros después, en Santa Cilia cogiendo un poco de aliento vimos su iglesia y de nuevo como ocurrió el sábado, algunos prefirieron montar al autobús. Los más osados caminamos 7 km más; un rato junto a la carretera y otro por la ribera del río Aragón. Cuando ya no quedaba prácticamente nada para terminar, llegamos al sitio más bonito para mí que podíamos encontrar en todo el camino; había millones de piedras superpuestas a lo largo de un tramo.

En ellas, podían leerse toda clase de inscripciones o notas, y se encontraban también objetos depositados por peregrinos a lo largo de muchos años. Nosotros, como no íbamos a ser menos, contribuimos poniendo nuestras piedras. Poco después llegamos a Puente la Reina.

ENTRE RISAS Y CANSANCIO

Después de ponernos las botas comiendo, llegó la sobremesa, un momento de descanso y relajación donde compartimos experiencias. Cuando tuvimos fuerzas, ya nos esperaba el autobús. Montamos en él para volver de nuevo a casa. Personalmente la experiencia tuvo momentos de agotamiento, pero no hay mal que por bien no venga. Hicimos buenas migas entre todos, estábamos constantemente entre risas aunque nos faltara hasta el aliento y vivimos un fin de semana irrepetible.

Con unos 40 kilómetros bajo nuestros pies, el cuerpo está aún un poco dolorido pero son simplemente gajes del oficio, no podemos tampoco pedirle peras al olmo. Hemos dicho que volveremos a participar la siguiente vez; lo prometido es deuda. Quedan advertidos los profesores que daremos la lata en próximas ocasiones.
 

 

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