Conversaciones

 

Elisa Sánchez Bayona, 4º ESO IES Juan de Lanuza

Como otra mañana cualquiera, Cristina se despertó a las seis y media sobresaltada por el irritante sonido de la alarma, que no tardó en detener con un fuerte manotazo. Se levantó de la cama, posó sus pies en las zapatillas, meticulosamente colocadas la noche anterior, para que estos no tocasen el frío suelo.

Preparó el café que la mantendría activa durante su jornada laboral mientras se daba una ducha. Eligió la ropa adecuada para la ocasión, un poco de maquillaje y se miró al espejo. Perfecta, como siempre, se dijo para sí misma.

A las siete y media, Cristina salió de su casa y tomó el autobús que la llevaría a su trabajo. A las ocho llegaba con exacta puntualidad. Saludó a la recepcionista y se dirigió a su despacho. Dejó cuidadosamente su bolso y su abrigo colgados de la percha, que, a su vez, cambió por la bata blanca que acostumbraba a vestir como uniforme. Guardó un bolígrafo en el bolsillo, del que colgaba una etiqueta con su nombre y apellidos y una foto. Después de esto, se dispuso a comenzar su tarea.
--Buenos días, señor, ¿qué tal está?-- preguntó únicamente por educación, ya que no le interesaba lo más mínimo. Este no contestó, se limitó a sonreír como si nadie se hubiera dirigido hacia él. Cristina, leyendo su historial, se dio cuenta de su sordera y esbozó una forzada sonrisa mirando al paciente.

Estaba harta de su trabajo. Quizá, en realidad, lo estaba de su vida y la forma que tenía de expresarlo era en su trabajo. Se esforzaba por demostrar a los pacientes que no le agradaba para nada estar con ellos días, semanas o incluso meses, sino que lo hacía por obligación.

Caminaba por los pasillos seria, concentrada y enfadada con el mundo. Provocaba cuchicheos entre sus compañeros cada vez que pasaba por delante de ellos. Pero ella nunca los escuchaba; para ser sinceros, nunca escuchaba a nadie.
--Perdona, ¿tienes las pruebas de mi paciente?-- preguntó a una enfermera.
--En seguida las busco, doctora-- respondió esta.

Al mismo tiempo que Cristina esperaba, dos cirujanos mantenían una conversación a escasos metros de ella. Por primera vez, decidió escucharlos, tal vez por matar el tiempo.
--Es una lástima, no fuma, hace deporte, sigue una alimentación sana... Además, es extraño detectar cáncer en alguien tan joven.
--Es cierto. ¿Sabes lo que me han contado? Por lo visto es hermana de Cristina. Sí, esa tan seria.

En ese momento, Cristina se arrepintió de haber querido escuchar, tan sólo por una vez, lo que alguien decía.
 

 

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