Otoño árabe

 

Nueve meses después la plaza de Tahir de El Cairo se llena de manifestantes para pedir democracia en Egipto

Laura Rabanaque (El Periódico del Estudiante)

Ha pasado casi un año desde que los ciudadanos de Túnez y Egipto salieran por primera vez a la calle para protestar por la falta de libertades en sus respectivos países. Los dictadores Ben Ali y Mubarak tuvieron que abandonar el poder ante la presión popular. La primavera árabe había triunfado y se extendía rápidamente a otros lugares. Sin embargo, estos dos países viven ahora su particular otoño árabe. Mientras que Túnez celebró sus primeras elecciones democráticas en octubre y cuenta con una Asamblea Constituyente; la Plaza Tahrir de El Cairo se ha llenado de nuevo de manifestantes para pedir la dimisión de la junta militar que controla el país desde la caída de Mubarak.

Si la primavera árabe puso patas arriba los regímenes autoritarios del norte de África y de Oriente Medio, el otoño árabe amenaza con revueltas en aquellos países en los que, a pesar de haberse producido cambios políticos, todavía no se ha consolidado la transición a la democracia. Analizamos con Charif Dandachli, profesor de árabe de la Universidad de Zaragoza, en qué situación se encuentran estos países.

En el caso de Egipto, Dandachli explica que la junta militar que dirige el país desde la salida de Mubarak está alargando el tiempo para no entregar el poder a lo que ellos llaman "la revolución egipcia". Los militares quieren introducir elementos en la nueva Constitución para que el ejército esté por encima de todo y no tenga que rendir cuentas a nadie. "El objetivo de la Junta Militar, antes de dejar el poder, es intentar por todos los medios que el Ejército sea independiente del poder civil", explica el profesor, que indica que esto haría peligrar la democracia porque los militares quedarían como vigilantes del nuevo sistema.

Según Charif Dandachli, "ésto descontenta a la masa popular y a los partidos políticos recién formados" y ha provocado nuevas protestas violentas en las calles de la capital egipcia. Los manifestantes han denunciado el uso de gases lacrimógenos y armas de fuego por parte del ejército y la policía, y la propia Junta Militar reconocía la pasada semana que se han violado los Derechos Humanos. Así las cosas, Dandachli piensa que "la Junta Militar cederá, porque hay mucha presión popular y porque han llamado a consulta a los partidos políticos", por lo que las aspiraciones del pueblo egipcio de tener democracia estarían aseguradas.

En Túnez la situación es completamente diferente. Túnez --el primero de los países árabes en sumirse, hace casi un año, en protestas populares-- dio la semana pasada un paso hacia la democracia al celebrar la primera sesión de su Asamblea Constituyente surgida de las elecciones democráticas del 23 de octubre. Esta asamblea es quien redactará la nueva Constitución del país. A diferencia de Egipto, el país ha logrado consolidar la transición hacia un nuevo sistema democrático basado en las libertades de los ciudadanos.

Según el profesor libanés de la Universidad de Zaragoza, los casos de Túnez y Egipto son diferentes, porque Egipto siempre ha sido un país gobernado por militares. "Los militares están muy metidos en la vida política y va a ser difícil que salgan ahora con las manos vacías", dice Dandachli, que alude también a diferencias entre las sociedades egipcia y tunecina: "En Túnez el principal poder lo ha ejercido tradicionalmente la familia, mientras que en Egipto, por encima de la familia, ha estado el Ejército".

Otra diferencia es la diversidad étnica y religiosa de la población de Egipto. "Túnez está más preparado para la democracia que Egipto; su sociedad es más abierta que la egipcia y el país está más modernizado. En Egipto hay todavía zonas muy reprimidas y su sociedad ha ofrecido más sacrificios en las revueltas que en Túnez", explica el profesor. La clave estaría pues en el ejército egipcio, que es "muy fuerte y está muy bien organizado". Dandachli considera que "es muy difícil que se marchen del poder con tanta facilidad. Túnez ha tenido más suerte, porque los militares no se han involucrado tanto y han facilitado la transición".

Y mientras el otoño árabe cae sobre nuestros países vecinos, hay que preguntarse qué postura están adoptando los países occidentales ante el triunfo de las revoluciones árabes y las nuevas protestas. En opinión de Dandachli, está habiendo una "timidez y tardanza" en condenar los actos violentos que se están produciendo de nuevo, tanto en Egipto como en otros lugares. "En contra de lo que sucedió cuando Mubarak estaba en el poder, los países occidentales no han exigido todavía que frene la violencia contra la población civil, quizá --dice Dandachli-- porque prefieren que haya seguridad a que llegue la democracia".
 

 

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