Ella

 

Irina Belokopytova, Ex alumna IES Francisco Grande Covián

Mientras él me acompañaba,
Lágrimas acres de mí emanaban.
Decíame solo que para el fin aguardar,
Pocos suspiros restaban por contar.

¿Es posible a mi alma salvarla?
Le pregunté con espanto y desolada.
Solo en el vestigio de un temblor,
Solo vacía, olvidada y sin color.

Del destino uno no se esconde, niña mía.
Latidos, olvido. Un mundo fingido.
Se disipan sin más, a mí me repetía.
Entristecidos respiros tras día y vida.

Y yo lo acusé con la mirada entonces,
Perdida, resquebrajada,
Seca y enajenada.
¿La muerte, ella? ¿Me persigue, es ella?
Exigí bajo, del pecho encogida,
Del corazón angustiada y toda entumecida.

Ella...
Tiene muchos nombres y a la vez ninguno,
Más la desafías tú sin poseer valor alguno.
Recuerda que, cobarde naces,
En haz de las velas, su fulgor y trazos.

Experiencia, dicha,
Tumulto y violencia,
A polvo, tierra o a palabras en el aire,
Se reduce en definitiva, la mera existencia.

Tu mejilla blanca, la acaricia fría,
Con impasible tacto, sí niña mía.
Para yacer inerte,
y desnuda de apariencias,
Pacífica, inmóvil,
Bajo descarnada vehemencia.
 

 

foto

 

» Subir
» Imprimir página
» Más noticias de Rincón Literario

 

 
Contacto | Aviso Legal | Inicio

Desarrollado por DiCom Medios, S.L.
© Prensa Diaria Aragonesa

Ibercaja Gobierno de Aragón