Un día en el teatro

 

Los alumnos de artes ecénicas asistieron a la representación de 'Einstein y el dodo', de la compañía Teatro del Temple

Ana Ferreruela y Judith Sánchez, IES Pedro de Luna

'Einstein y el Dodo' es una obra teatral escrita e interpretada por Ricardo Joven, que de forma monologada da cuerpo a una de las figuras esenciales del siglo XX, Albert Einstein. No es la primera obra que escribe el novel autor y experimentado intérprete, pero sí es la primera que pone en escena. El argumento se desarrolla en torno a su sentimiento de culpa al enterarse de que de sus fórmulas han nacido las bombas atómicas caídas sobre Hiroshima y Nagasaki, bombas que arrasaron estas poblaciones japonesas durante la II Guerra Mundial: uno de los mayores crímenes de la historia.

En la representación se plantean dos núcleos temáticos. Por un lado, el citado estado de «shock» en el que entra Einstein tras conocer la noticia de los bombardeos atómicos sobre poblaciones civiles. Por otro, el deseo de recuperar el tiempo perdido con su hija Lieserl, a la que no llegó a conocer. Ambos aspectos se van relacionando porque Einstein graba para su hija un conjunto de reflexiones que articulan el monólogo. Lo que comienza como una biografía de su infancia, se va mezclando con los pensamientos que se agolpan al conocer el exterminio de las poblaciones civiles. Esta noticia impactante le hace entrar en el tercer núcleo: la reflexión acerca del poder destructor del ser humano. Esta se desarrolla de forma metafórica al contar con mucho detalle, dibujos y gesticulaciones, la historia del Dodo, ave extinguida precisamente por la acción del ser humano.

Desde que nos sentamos en las butacas y se apagan las luces, observamos una escenografía especial: una mesa de despacho en medio de un caos de hojas, cuadernos innumerables, largas fórmulas... Todo ello evoca el ambiente de un apartamento en Manhattan, refugio de Albert Einstein. Nos damos cuenta de que vamos a ser partícipes de una obra llena de matices, totalmente sorprendente y fascinante, que va a lograr sobrecogernos, ya sea para bien como para mal.

Hay que destacar que no se limita a mostrarnos la imagen típica del científico delirante y enardecido. Por ello logra arrancar en numerosas ocasiones la risa en el espectador. Además de esa imagen estereotipada, deja ver su cara más humana, compasiva, que reflexiona con vigor y vehemencia sobre las actitudes irracionales, arrolladoras y desoladoras del ser humano. Para ello utiliza sobre todo, la fábula de los pájaros Dodo, aves primitivas extinguidas a causa de la caza incontrolada del hombre. Resulta una anécdota muy eficaz y bien introducida, que ayudan a la comprensión de los sentimientos y pensamientos de Albert Einstein. Además consigue imprimir un tono ameno en toda la historia.

Una de las características más atractivas, aún más, es la perfecta elección para la puesta en escena, y el llamativo y magnífico espacio escenográfico. Los objetos utilizados durante la obra cobran gran importancia, pues son como una parte más de ella. Ninguno estaba de más, ni se requería ningún otro: pizarras repletas de fórmulas, papeles desordenados, una antigua grabadora de cinta magnética, transistor que transmite las últimas noticias sobre los hechos que han acontecido o un teléfono para hablar con otras personas, representan un personaje o varios personajes más y nos ayudan a entender el desarrollo de la idea principal.

Acompañan al protagonista y único actor, interactuando con él. Atención a esos papeles y muebles y pizarras desordenados: juegan un papel que va más allá del simple acondicionamiento del espacio; son un reflejo de todo el caos que en ese momento «habita» también la cabeza de Einstein. Esos detalles, junto a la luz, dan un carácter íntimo y personal a la estancia, verdadero espacio mental, que invita igualmente a la reflexión.

En cuanto a la interpretación hay que reseñar que enfrentarse al público durante hora y media es, sin duda, un logro. Ricardo Joven supera este reto a la perfección. Sabe llevar el ritmo de la obra con pulso y firmeza: bromas, lágrimas, dibujos, cuentos, fantasías, dolor y crítica tenaz hacia la sociedad. Un detalle, si hemos de ser meticulosos, desfavorece la interpretación del actor: la pérdida intermitente del acento alemán. Salvo esto, se puede afirmar que su recreación del personaje es excelente, incluyendo tópicos y exageraciones del distinguido científico, de tal forma que es muy difícil apartar la vista y la atención ni un solo instante.

Se trata de una obra recomendable para todo aquel que quiera disfrutar de una maravillosa puesta en escena e interpretación teatral; y para quien quiera reflexionar y acercarse a la faceta más humana del renombrado Albert Einstein. En nuestra sesión matinal, además, tuvimos la oportunidad de conversar con el actor y el dramaturgo Alfonso Plou, al que también conocemos por sus visitas a nuestro instituto. En el escenario, después de la introducción del dramaturgo, el actor, recién desmaquillado, comentó con nosotros sus propósitos con esta obra, su documentación y atendió a las preguntas sobre iluminación, música y banda sonora. Colofón perfecto para el espectáculo, y contamos de nuevo con ellos para conocer mejor su trabajo.
 

 

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