La diversidad cultural en las aulas, desde mi ventana

 

Enrique Satué Oliván, profesor de ESO

Para explicar cómo miro a través de mi ventana intercultural, primero, tengo que empezar explicando los paisajes que he visto a lo largo de mi vida profesional, lo que equivale a señalar el camino que he andado en educación.

Desde el año 1979 al 1992 ejercí como maestro especialista en Pedagogía Terapéutica y viví con ilusión la llegada a las aulas de la Integración, alumno a alumno, y minuto a minuto, como se decía en la Escuela de Barbiana.

A este periodo debo mi forma de entender la enseñanza y, en gran medida, la de comprender el mundo.

Del año 1993 al año 2001 impartí clases en el IES Ramón y Cajal de Huesca, en el primer ciclo de Educación Secundaria. Ni que decir tiene que el estadio anterior me sirvió para enriquecer lo que allí hacía, en el Departamento de Ciencias Sociales. Nadie me tuvo que explicar que las instrumentales, los centros de interés, la motivación, el trabajo cooperativo, los valores y el evaluar según las posibilidades de cada alumno, constituían un objetivo tan mío como del resto del profesorado.

Al finalizar aquel periodo, se me encomendó el practicar inmersión lingüística para los alumnos de procedencia extranjera. Tampoco aquí necesité formación porque, en el fondo, era otra faceta de la atención a la diversidad. Aquella clase la hacíamos en la calle, en las tiendas, en la oficina de correos, leyendo la prensa y siguiendo la liga de fútbol; en definitiva, en la vida misma.

Tras mi paso durante nueve años por el CPR de Huesca, viviendo de modo privilegiado los esfuerzos hechos en el terreno de la interculturalidad, me encuentro de nuevo ante un alumnado que, básicamente, es el mismo. Esta vez ejerciendo en ESO, Bachiller y siendo tutor de tercer curso.

Mi forma de asomarme a la ventana no ha variado, de algún modo, se ha reafirmado. Igual da que sea desde una tutoría o desde la materia o asignatura, la visión intercultural coincide en mi mirada con la de la atención a la diversidad. Y ampliar la mirada, hacerla profundamente etnográfica, comprensiva, creativa y motivadora, me ofrece día a día paisajes estimulantes.

Sin demagogia alguna, para mí, la atención a la diversidad y la interculturalidad no constituye ningún problema; todo lo contrario. Es cosa de ponerse a mirar.
 

 

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