Una tarde diferente

 

Ainka Insa, La Salle Montemolín

Hace dos meses fui con dos amigas al pueblo de una de ellas. Era un lugar pequeño, pero bonito, y se encontraba a pocos metros de un río.

Llegamos por la mañana y deshicimos el equipaje. Por la tarde decidimos ir las tres a dar una vuelta por el río. Estaba rodeado de rocas, lo que nos dificultó llegar hasta él. Nos sentamos en una roca enorme y nos hicimos fotos.

Como yo soy muy curiosa, decidí cruzar el río pasando por encima de algunas rocas. Cuando lo había conseguido, empecé a andar para investigar lo que allí había. Me alejé demasiado sin darme cuenta y decidí regresar. Mi sorpresa fue que a la vuelta, no podía cruzar, ya que las rocas se habían mojado y me podía resbalar. Así que empecé a gritar a mis amigas y a hacerles gestos para que me ayudasen. Ellas me saludaron, pero no vinieron a por mí.

Como no se me ocurría otra cosa, cogí un palo grueso que tenía a pocos pasos y ayudándome con él logré cruzar. El problema fue que en uno de mis saltos de roca a roca, me caí al río y me empapé. Cuando llegué con mis amigas se empezaron a reír. Yo les pregunté que porqué no habían ido cuando las había llamado, y me dijeron que creían que las estaba saludando y que parecía que me lo estaba pasando muy bien con el palo.

Les expliqué lo que me había pasado y aún se rieron más. Regresamos a casa de mi amiga y me cambié de ropa. Desde ese día, siempre que pasamos por un río, me lo recuerdan.
 

 

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