Noche de verano

 

Elena Macipe Enguita, 4º ESO La Salle Montemolín

Esa noche de verano calurosa y fresca a la vez, Martín salió de casa corriendo. Llevaba más prisa de lo normal y los vecinos se dieron cuenta de que parecía alterado, ya que siempre andaba despacio y nunca corría por nada, ni aunque llegara tarde al trabajo. Bajó toda la avenida y giró a la derecha, justo en una boca-calle donde sólo había cuatro portales y un restaurante. Yo le seguí sigilosamente intentando que nadie se diese cuenta; me escondí detrás de un coche ya que me extrañaba mucho que Paco, nuestro cliente habitual, fuera a esas horas sabiendo a la hora a la que cerrábamos.

Se agachó y se metió y se metió por la rejilla del conducto de respiración. Yo cogí mis llaves y con el máximo cuidado posible y sin hacer ruido, entré para observar qué hacía una vez que hubiera llegado al interior. Siguió gateando cuando de repente, se oyó un sonido metálico y un grito de socorro. Era Martín que casi se cayó encima de la freidora cuando la rejilla de la cocina cedió. Menos mal que pudo agarrarse bien y no se cayó porque la freidora suele estar caliente hasta la medianoche. Aunque Martín era mi cliente y amigo, llamé a la policía y lo arrestaron por intento de robo.
 

 

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