Siempre tuyo

 

Claudia Gracia, Colegio Alemán

Querida compañera:

Hace toda una vida que me levanto pensando en tí, en tu cara, en tu risa, tu cuerpo..., sintiendo las ganas incomprensibles de abrazarte y de besarte a todas horas. Fuiste y eres lo más hermoso de este mundo, incluso ahora que dependes de una máquina, incluso ahora que apenas tienes fuerzas para respirar a mi lado.

Recuerdo aquel día en el que te conocí: tu piel lisa, tus ojos rebosantes de felicidad, tu pelo brillante, tu sonrisa... Me encantó tu sonrisa; por un instante sentí que solo estábamos tú y yo en medio de la Cabalgata de Reyes, que no había otros cientos de personas pisándote y empujándote, para mí en ese instante solo existías tú. Pero ahora ambos hemos cambiado: te observo descansar en la cama de esta habitación 204, con enfermeras entrando y saliendo, repitiendo una y otra vez que todo va a salir bien. Veo los mismos ojos pero tu mirada es cansada, el mismo pelo pero ahora débil y quebradizo, la misma piel pero desgastada por la vida, y tu sonrisa, exactamente igual que ese 6 de enero. Pese a todo este tiempo, sigo enamorado de ti, te amo, lo repetiría una y otra vez con tal de que así siguieras adelante conmigo.

Nunca pensé que me tocaría a mí, me dijiste que vosotras vivíais más, que no ibas a desaparecer de un plumazo y aun así te marchas, tu cara me lo confirma y, aunque te empeñas en curvar los labios dibujando esa hermosa sonrisa, no puedes esconder lo evidente. ¿Qué haré yo sin tí?, ¿cómo voy a volver a nuestra casa?

Te prometí seguir adelante y lo intentaré. Mientras escribo esta carta, tú te vas apagando. No lo aguanto más, ojalá pudiera aceptar que el mayor de mis miedos es levantar la pluma del papel y que ya no estés.
 

 

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