El mundo es increíble

 

Antonio Navarrete, Colegio Alemán de Zaragoza

El mundo es increíble. El ser humano es increíble. Su capacidad de sentir, de padecer, de amar, su fuerza y debilidad, su valentía y su cobardía, la capacidad de soñar.

Es increíble el daño que se le puede hacer a una persona, ignorándolo completamente, sin tener ni la intención ni la idea. Porque sin que tú te hayas dado cuenta, cuando tú faltas, yo falto; cuando tú ríes, yo río; cuando tu lloras, yo lloro; y cuando tú amas- yo no estoy allí.

Porque estoy enamorado de tí casi desde que empezamos Secundaria. Cuatro años viéndote cada día más guapa que el anterior. Cuatro años teniéndote tan cercanamente lejos, a dos mesas pero inaccesible. Cuatro años de los cuales me has suavizado aciagos lunes, acortado interminables semanas de exámenes, y sacado la moral del pozo, cada vez que me ha hecho falta. Y sin apenas haberte dado cuenta. Sólo como una amiga.

Llegado a este punto de la carta podría echarte a tí toda la culpa, decir que eres una mujer fatal, decir que jugaste con mis sentimientos como un niño con una pelota que luego olvida en el desván. Pero no es así. Realmente vinieron muchos trenes, cada uno más cerca que el anterior. También sería fácil decir que estuve ciego, que había una valla que me impedía llegar a la estación, pero mentiría de nuevo.

Quiero ser franco contigo; fui yo, fue mi cobardía la que me impidió subir al tren. Fue la que me dejó en el andén y la que ni siquiera se dignó a despedirte como te mereces. Por ello quiero que sepas que yo fui mi propio asesino, que yo cavé mi propia tumba, construí, ladrillo a ladrillo, mi propio mausoleo, y escribí en la lápida el resumen de mi miserable vida para, finalmente, apretar el gatillo.

Tampoco quiero que te compadezcas de mí, no me lo merezco; pues un hombre que tiene la miel en los labios y osa escupirla para luego morir de hambre, sólo por triste cobardía, no tiene derecho al más mínimo recuerdo melancólico.

Es increíble que haya llegado ahora, ahora que no tengo nada que ganar ni perder, una explicación. Pero quería que, aun a título póstumo, supieras de mis sentimientos y conocieras la verdad. Y, al fin, pudiera descansar en paz.
 

 

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