Piratas de guante blanco

 

Los robos y el expolio son las principales causas de que muchas piezas del arte aragonés estén hoy en otras comunidades o en países como los Estados Unidos

Laura Rabanaque (El Periódico del Estudiante)

En las profundidades del mar, en las ruinas de viejos monumentos o en las mansiones de importantes magnates, todavía hay numerosos tesoros perdidos que esperan a que alguien los descubra. Hace unas semanas asistiamos al final del litigio entre España y la empresa norteamericana Oddisey por el hallazgo de unas monedas de oro del siglo XVII. El Tribunal Supremo norteamericano ordenó finalmente a la cazatesoros estadounidense devolver a España los objetos extraídos de los restos de una fragata que se hundió frente a las costas portuguesas en el 1804.

Pero como estos casos hay muchos. Aragón tiene una larga historia de patrimonio emigrado, es decir, obras de arte y restos arqueológicos que en su día abandonaron nuestra comunidad y jamás regresaron. La salida de Aragón de este patrimonio se debe generalmente al robo y los expolios cometidos por auténticos piratas de guante blanco en las zonas rurales más despobladas. En otros casos, las reliquias fueron vendidas directamente por sus propietarios en épocas de necesidad económica, como es el caso de las piezas de arte sacro del Monasterio de Sijena, en Huesca, que las hermanas de la orden de Malta entregaron a la Generalitat de Cataluña entre los años 1982 y 1995 a cambio de dinero y unos terrenos en la provincia de Lérida. Tras ser reclamadas por Aragón en numerosas ocasiones, el Tribunal Constitucional dictaminó hace unos meses que las obras pertenecen legalmente a Cataluña, donde hoy permanecen expuestas.

El del Monasterio de Sijena es uno de los ejemplos más conocidos del expolio de obras de arte y patrimonio aragonés, pero no es el único. Muchos otros lugares y pueblos de nuestra comunidad autónoma han perdido sus bienes con el paso de los años. Incluso, algunos de ellos han ido a parar a lugares tan lejanos como los Estados Unidos.

Uno de los casos más relevantes es el del Vidal Mayor, la biblia del derecho civil aragonés, que fue adquirido hace muchos años por una familia de millonarios. El libro, escrito entre los siglos XII y XIII, es un compendio de las normas y leyes más importantes de esa época y supone la constitución del régimen foral de Aragón. Actualmente el único ejemplar existente es uno de los principales atractivos del Museo de la Fundación Getty de Santa Mónica, en California (EEUU).

Estados Unidos posee muchas otras piezas aragonesas que un día desaparecieron de sus lugares de origen, en su mayoría iglesias románicas de pueblos del Pirineo. Muchos de los pórticos, retablos, tallas de vírgenes, santos y sillares de templos y monasterios desaparecidos, cuelgan hoy de las paredes de mansiones estadounidenses. Los salones, jardines y piscinas de destacados magnates están decorados con estas piezas compradas a marchantes, anticuarios y en algunos casos a los propios párrocos. Por ejemplo: la portada de la Iglesia de San Miguel de Uncastillo fue vendida en 1915 por el obispo de Jaca. Su destino fue el Museo de Boston, aunque actualmente se encuentra en una propiedad privada que acoge dos viviendas familiares.




ERIK EL BELGA

Para bien o para mal, cuando una pieza de arte se vende, es posible seguirle la pista para saber dónde se encuentra. No ocurre así con las obras que han sido robadas y cuyo paradero es más difícil de averiguar. René Alphonse van den Berghe, conocido con el apodo de Erik El Belga, fue uno de los ladrones de arte europeo más famosos del siglo XX. Su mujer publicó la semana pasada una biografía con el título Por amor al arte, en la que narra los golpes más importantes de este ladrón de obras de arte que consiguió escapar en varias ocasiones de la cárcel, y al que en la actualidad le gustaría robar la réplica de La Gioconda que se exhibe en el Museo del Prado, según ha confesado él mismo.

La vida de Erik El Belga recuerda a la de un auténtico pirata, al estilo del Capitán Jack Sparrow. Aunque éste, en vez de surcar las tranquilas aguas del Caribe en busca de aventuras y tesoros, optó por España y por tierra firme para llevar a cabo sus tropelías. En el año 1975, huyó de la cárcel en la que se encontraba en Alemania y llegó hasta nuestro país, donde aprovechó las insuficientes medidas de seguridad de las iglesias y monasterios de los pueblos para llevar a cabo el robo de numerosas obras de arte.

Aparezca o no en su biografía, Aragón jamás olvidará a Erik El Belga. La madrugada del 7 de diciembre del año 1979 se perpetró en la catedral de Roda de Isábena, en la provincia de Huesca, uno de los robos más espectaculares de la década. El Belga sustrajo del templo cuarenta valiosas obras de arte, entre ellas la silla de San Ramón, aunque solo pudo llevarse 30 porque, sencillamente, todas no le cabían en el coche. También se le atribuyen robos en Zaragoza, donde se sabe a ciencia cierta que saqueó la iglesia de Santa Ana en Mainar.

Erik El Belga fue detenido por la policía española en el año 1982, pasó casi tres años en la cárcel y finalmente fue absuelto en el juicio por falta de pruebas. Nunca dijo dónde se encontraban las obras que había robado; sin embargo, algunas de ellas fueron recuperadas años después cuando aparecieron a la venta en el mercado o fueron devueltas por personas anónimas. Erik El Belga no ha mostrado nunca ni el mínimo ápice de arrepentimiento por sus fechorías. Es más, en la presentación de sus memorias aseguró ante los periodistas que no tiene tiempo para eso. "Es difícil arrepentirse de robar arte, porque es un placer", afirmó.
 

 

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