El muro de la vergüenza

 

El muro de Berlín se levantó hace 45 años y se tiró una noche de 1989. Fué símbolo de la divisón del mundo y lo derribó una marea humana

José Lacruz (Periódico del Estudiante)

No lo derribaron los tanques, fueron los ciudadanos. Miles de personas destrozaron el Muro de Berlín, que dividía al mundo y que se había levantado 28 años antes separando por la mitad la ciudad. Los berlineses cambiaron la Historia en la fría noche del 9 al 10 de noviembre de 1989. Saltaron una mole de hormigón y alambrada que había sido bautizada como "el muro de la vergüenza".

Empezaba así la configuración definitiva de la escena internacional que hoy conocemos. Atrás iban a quedar las grandes disputas mundiales de la denominada Guerra Fría: enfrentamiento entre dos áreas mundiales, la oriental-comunista (liderada por la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas) y la occidental-capitalista (en la órbita de Estados Unidos), que intentaban demostrar que su ideología era la mejor para ser implantada en toda sociedad. La disputa generó grandes conflictos culturales, militares, económicos e ideológicos que a punto estuvieron de desencadenar la III Guerra Mundial. El Muro de Berlín fue la escenificación de esa división que se materializó en 155 kilómetros de frontera que partían en dos la misma ciudad.

La pared más famosa del mundo tiene su orígen en 1945. Tras la caída de Hitler, la capital de Alemania fue dividida en cuatro áreas que estarían bajo la vigilancia y el control de los Aliados, las potencias que habían luchado contra el nazismo. Así, la mitad de la urbe, la que estaba en la parte del Este, quedaba bajo mando soviético. El otro 50% se dividió en tres zonas: Estados Unidos, Francia y Reino Unido. Se trataba más bien de una línea divisoria imaginaria, ya que el tránsito entre un lugar y otro no se veía interrumpido. La unión ante Hitler de los Aliados dejó paso a las desavenencias entre sus ideologías. Berlín se planteó como un punto estratégico y vital, donde el comunismo y el capitalismo escenificaron su opuesta forma de entender el mundo.

La tensión entre ambas partes fue en aumento, y el paso entre el Berlín oriental y el occidental comenzaba a complicarse. En 1949, la parte del oeste forma su propio estado: República Federal de Alemania (RFA). El mismo año, y en contraposición, el lado soviético se convierte en la República Democrática de Alemania (RDA). La división del país se aplica a la capital berlinesa y en 1952 se cierran las fronteras de las dos Alemanias. Sólo se dejan abiertos los pasos de Berlín. A esto puntos de control se les dieron nombres más fáciles de pronunciar como Alfa (Helmstedt), Bravo (Dreilinden) o el más famoso, Charlie (Friedrichstrasse). Hasta la construcción del muro, unos 2 millones de personas prefirieron abandonar la zona soviética y pasar a la RFA. Una tendencia que iba creciendo y ante la que el Gobierno de la parte oriental decidió imponer penas de hasta tres años de cárcel a todos aquellos que abandonaran el país sin permiso. No había vuelta atrás. Berlín estaba dividida en dos partes bajo el control de ideologías opuestas. La RDA veía cómo sus ciudadanos preferían salir del país y crecía la desconfianza soviética ante el capitalismo.

El 12 de agosto de 1961, los dirigente de la parte comunista dieron luz verde a la denominada "Operación Rosa", para levantar una 'muralla' que separara las dos partes de Berlín. Esa noche, los militares soviéticos marcaron toda la línea divisoria de la capital con alambre de espino. Los berlineses se levantaban separados. Muchos de sus familiares y amigos estaban al otro lado. Una locura que el día 18 de ese mes empezaba a levantarse en forma de muro de hormigón.

En los 28 años que duró en pie, el sistema de vigilancia se reforzó. En 1989, el muro tenía 155 kilómetros de longitud, de los que 43 estaban en la ciudad, y el resto en los alrededores. La altura variaba entre los 2 y los 4 metros. Estaba compuesto por verjas y hormigón. Había 302 torres de vigilancia, 14.000 vigilantes --con instrucciones de disparar ante cualquier fuga-- con 600 perros, alambre de espino, fosos antitanques, luces... Una auténtica maraña infranqueable que aun así lograron cruzar unas 5.000 personas, y 600 vigilantes del muro que desertaron a la RFA.

Numerosos países, y los propios berlineses, pidieron incontables veces la apertura de fronteras. La escena internacional fue cambiando. Las fugas no remitían y la RDA entraba en crisis política, y en octubre dimitía el líder del país. Las manifestaciones pidiendo la libre circulación se sucedían. El gobierno prometió cambios en sus políticas, y el 9 de noviembre se anunciaba a los medios de comunicación la intención de apertura. La noticia hizo salir a la calle esa misma noche a cientos de miles de ciudadanos del Berlín oriental, que se dirigieron hacia los checkpoint. Los militares de la frontera no tenían autorización para dejar paso, pero no dispararon ni arremetieron contra la masa humana. A las 23.00 horas se abría el primer punto de acceso y la euforia hizo a muchos escalar el muro. Al otro lado, los berlineses occidentales les daban la bienvenida. La fiesta duró toda la noche y la mañana siguiente. Los ciudadanos destruían así el Muro de la Vergüenza.

 

 

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