Adiós

 

Claudia Díaz Berges, IES Ítaca Zaragoza

Una llamada sorpresa, que pensé que tardaría en llegar mucho más... Al escuchar lo que mi madre repetía, con la mirada perdida, mis ojos de lágrimas se nublaron. Tras el viaje, de más de treinta minutos, silencio. Fin del trayecto. Una gran multitud de familiares, amigos, vecinos; pero lo que más me acompañaba en esos momentos era el silencio, la sensación de soledad, vacío y cariño. La noche eterna.

Por la mañana piensas que ha sido un mal sueño, pero sabes que no es cierto, porque sigue habiendo silencio. Todos juntos en la cocina comiendo con la televisión apagada y el silencio. Por la tarde llega el momento en el que un coche negro con una gran parte trasera llena la calle. Todos le seguimos con paso lento, muy lento, demasiado lento. Las lágrimas fueron la prueba de los sentimientos..., pero llegaba el momento, segundo a segundo. Cuando mis primos cogieron aquella caja enorme y la metieron en la pared, sí, llegó el momento. El momento en el que ami querido abuelo le dije adiós.
 

 

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