Aurelio Triguero: "Cada día aprendo algo nuevo y me ilusiono"

 

Profesor y directore del IES Ramón J. Sender de Fraga desde hace más de 30 años, acaba de recibir la Cruz José de Calasanz al Mérito Educativo que otorga cada año el gobierno de Aragón

Laura Rabanaque (El Periódico del Estudiante)

--¿Qué supone para usted recibir la Cruz José de Calasanz al mérito educativo?

--En primer lugar, una sorpresa y una alegría, y segundo, un reconocimiento no tanto a mí sino al centro en el que llevo años trabajando y a los compañeros que me han ayudado.

--Cuéntenos qué es esta distinción.

--Es un reconocimiento que otorga todos los años el Gobierno de Aragón coincidiendo con el Día de la Educación Aragonesa, que se celebra el 30 de marzo, en reconocimiento a María Moliner. Este año se celebró un acto muy emotivo que tuvo lugar en el Paraninfo de la Universidad de Zaragoza, y en el que la presidenta de Aragón, Luisa Fernanda Rudi, hizo entrega de las medallas a siete profesionales.

--¿Qué recuerdos tiene de sus inicios en el mundo de la enseñanza?

--Comencé en el mundo de la enseñanza hace 42 años, primero como maestro en Lérida, y después, como profesor de Bachillerato en Fraga. Llegué en el 1977 al instituto de Fraga en el que estoy y del cual fui director desde el año 88 al 91. En esta primera etapa como director, se inició en el centro la enseñanza de la lengua catalana como materia voluntaria, se puso en marcha de forma permanente el servicio de biblioteca escolar sufragado con parte del presupuesto del APA, comenzaron los primeros intercambios escolares y se acordó que los alumnos de Fraga y de toda la Franja pudieran realizar preinscripción universitaria tanto en Aragón como en Cataluña.

--¿Cómo ha evolucionado la educación desde entonces?

--Uno de los cambios más importantes que se han producido es el aumento de alumnos extranjeros en las aulas, lo que por un lado nos enriquece y por otro supone un reto, puesto que tienen otro tipo de valores, una cultura distinta y necesidades que a veces no están bien cubiertas. En el plano de los recursos, recuerdo cuando utilizábamos los proyectores de cuerpos opacos o el ciclostil, sistemas que a día de hoy han sido sustituidos por las nuevas tecnologías. Todas las aulas están digitalizadas: en la ESO se utilizan pizarras digitales y en Bachillerato hay acceso a Internet y ordenador. Los trabajos con los alumnos también son diferentes porque antes los hacían a mano o con la máquina de escribir, y hoy utilizan el ordenador. Otro cambio importante, en el caso de nuestro centro, es la plataforma Moodle que nos permite poner al alcance de los alumnos todos los recursos que queremos que tengan, e incluso libros digitales. Es un sistema mucho más participativo.

--¿Ha sido fácil para usted adaptarse a estas nuevas tecnologías?

--Si, siempre me han gustado, y además es una forma de acercarse al alumno. El hecho de que sepas manejar un ordenador o escribas en un blog hace que te vean más cercano, aunque tengas 62 años. Cuando ven que dominas la tecnología y las redes sociales, piensan que estás en su honda.

--¿Con todos estos recursos es más fácil educar hoy que hace 40 años?

--Lo que es educar es un poquito más difícil. Antes educaba todo el mundo. Cuando había un chico por la calle y un vecino lo veía haciendo algo que estaba mal, no dudaba en llamarle la atención, y el padre generalmente te apoyaba siempre como profesor. Ahora estamos ante las familias del pero: "Sí, mi hijo ha suspendido, pero...". Generalmente suele ponerse en cuestión la labor del profesor y, en ese sentido, sí que hemos perdido apoyo. Es una opinión general, porque aquí en Fraga, al tratarse de una ciudad pequeña, tenemos contacto cercano con los padres.

--Usted ha enseñado a cientos de alumnos miles de cosas, pero ¿qué ha aprendido usted de ellos?

--Cada día aprendo algo nuevo y me ilusiono, porque entras en clase pensando: "A ver qué pasa hoy". A lo mejor has preparado una clase que crees que va a funcionar, y hay un alumno que te sorprende diciendo: "Pues yo esto lo he hecho de esta manera". Y tiene razón. Es decir, aprendes siempre, y con la ilusión de que cada día que entras en clase nunca va a ser como el anterior. Creo que la enseñanza es la profesión más bonita que existe.

--¿Cambia mucho la perspectiva que un profesor tiene del aula cuando se convierte en director de un centro?

--Los directores de los centros seguimos dando clase, así que nunca pierdes la perspectiva porque también estás en las aulas. Cuando un profesor te cuenta sus dificultades las entiendes porque tu también estás en el mismo grupo. En ese sentido, me parece bien que los directores demos clase porque compartes más las preocupaciones del resto de los profesores, y la relación con el alumno es más cercana.

--¿Cómo ve el futuro de la educación pública en estos momentos?

--La educación pública se basa sobre todo en los profesores. Si el profesorado tiene ganas e ilusión, los cambios en los sistemas educativos pueden dificultar más o menos la labor, pero siempre nos adaptaremos a ellos. Hoy por hoy veo que un centro público como el nuestro tiene recursos que no tiene la escuela privada. Tenemos servicios de atención a la diversidad, ofertas de bachillerato y un ratio de alumnos por clase con los que un centro privado no puede competir, básicamente porque es muy costoso para ellos. Si los profesores tenemos entusiasmo y ganas, la enseñanza privada no puede competir con la pública. Hoy por hoy esto es así, pero no sé que sucederá mañana.

 

 

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