Efecto mariposa

 

Andrea Ruberte, 4º ESO A, IES Juan de Lanuza

Me aburro, llevo encerrada en este saco blanco más de una semana, me siento prisionera en mi propia vida. No puedo moverme, ni un milímetro. Por mucho que lo intente, golpeo y golpeo en busca de libertad, pero es imposible, no hay camino, no hay salida.

Antes, mi vida era mucho mejor, unos seres gigantes con pelo me tenían encerrada con mi mamá, mi papá y mis hermanos en un palacio gigante, con multitud de ventanas redondas; la estancia era cuadrada y, de vez en cuando, había una abertura en el techo, y ahí era donde estos seres tan extraños nos visitaban y nos alimentaban.

Cada día nos regalaban el mejor manjar, un manjar que consistía en unas hojas muy verdes y jugosas, que desprendían un olor realmente maravilloso. Mi amigo gigante con pelo, al que llamaban Jorge, decía que estaba muy gorda, que poco a poco me estaba haciendo más mayor, y que pronto fabricaría mi propia crisálida o capullo. Aunque no sabía lo que realmente significaba, parecía ser algo muy divertido. Ahora ya sé lo que es, es este saco blanco del que no puedo escapar, y, si soy sincera, no me gusta nada. Llevo demasiados días aquí metida y creo que este juego se está pasando de la raya.

¡Espera! Oigo algo. Reconozco esa voz, sí, es la de mi amigo Jorge, y dice que me queda poco ¿Poco para qué?, espera, dice que es mi turno, ¿Mi turno para qué?, ¿Qué querrá decir? Bueno, creo que seguiré golpeando, aunque estoy muy agotada y no puedo más.

Las paredes blancas cada vez están más cerca de mí, ¿qué quieren? No puedo respirar, no puedo. Lo intentaré una vez más, cogeré aire y golpearé de nuevo. Creo que puedo ver una luz, sí, no consigo abrir los ojos completamente ya que es una luz demasiado brillante. Puedo notar mis patas... No, espera. ¿Qué es esto? ¿Tengo las patas repletas de colores? Pero... ¿Qué? ¡No entiendo nada! Siento cómo el saco se rompe, sí, el saco se está rompiendo. Lo estoy consiguiendo, un poco más, solo un poco más...

¡Ya está! Ahora todo aquí afuera es diferente, el mundo ha cambiado, yo mismo he cambiado radicalmente, no soy un gusano, no tengo cola; ahora mis patas son dos preciosas alas llenas de intensos y hermosos colores: verde, rojo, azul... Siento cómo la brisa que golpea el césped también lo hace contra mí. Ahora puedo sentir el cálido tacto del sol y el bello aroma de las flores. Ahora puedo respirar y observar al mismo tiempo el color del mundo, de un mundo totalmente desconocido para mí. Izquierda, derecha, subo, bajo, despliego mis alas una y otra vez. Me doy cuenta de que puedo volar. Lo hago sin rumbo, voy y vengo, sin saber qué me deparará el futuro, pero me siento bien. No tengo miedo, ahora siento que soy libre, siento que soy yo mismo, algo diferente, pero yo al fin y al cabo. Ahora lo comprendo todo, era mi hora, mi cambio, mi transformación, mi metamorfosis, el comienzo de una nueva vida. Mi vida.

 

 

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