Suspiros...

 

Paula Hernández, 3º ESO El Pilar Maristas

La mirada melancólica de un joven, triste y solo, se refleja en la ventana, salpicada por la lluvia incesante del atardecer. El sol se asoma a lo lejos, escondido tras los temibles nubarrones. A pesar de ello, todo está tranquilo. Ni un solo niño juega bajo la lluvia, burlando las normas del orfanato. La baja temperatura hiela las gotas mientras estas se precipitan. Un suspiro inunda la pequeña habitación, sólo iluminada por una tímida y cálida lámpara sobre una mesilla repleta de libros usados. Observa la única foto que conserva de sus padres y derrama una lágrima. ¿Por qué? Piensa. ¿Porqué la vida se lleva a las personas que más te importan? Cierra los ojos e intenta recordar la voz de su madre, se odia así mismo por no ser capaz de recordarla. En su mente se agolpan imágenes confusas del accidente: una luz ilumina la luna del coche, recuerda los gritos de su madre, el volantazo de su padre, el sonido de una sirena y después de eso, silencio, un silencio doloroso. Abre los ojos y se seca rápidamente las mejillas mojadas. Solo le quedan tres meses para cumplir los 18 y no tiene ni idea de lo que va a hacer. No tiene a nadie que pueda ayudarle y no sabe cómo va a poder seguir adelante con su vida, fuera del orfanato. Deja la foto delicadamente sobre el escritorio como si fuera la figura más frágil y valiosa que una persona pueda tener. Se levanta de la cama con agilidad y entra en el baño. Se mira en el espejo, ha cambiado mucho, la infancia ha desaparecido por completo. La ilusión que iluminaba su mirada es ahora inexistente, sus bonitos ojos castaños reflejan tristeza y una frialdad poco común en un joven. Se revuelve su pelo oscuro, se quita la camiseta y poco a poco se va desnudando. Entra en la ducha y deja que el agua deje lentamente su mente en blanco, los finos y delicados hilos de agua caen sobre su corta cabellera mojándola a su paso y descienden inexorablemente buscando su pecho, cierra los ojos y aprieta los puños los músculos de sus brazos se tensan, abre los ojos. Cierra el grifo y sale de la ducha cogiendo a su vez una toalla ruda y hostil que reposa sobre un taburete. Se viste de nuevo. Sale del cuarto de baño, no ha bajado a cenar, ni tiene pensado hacerlo, se tumba en la cama, cierra los ojos e irremediablemente el sueño le invade...
 

 

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