Encontrada

 

Sandra Borobia Tabuenca, 4º ESO IES Juan de Lanuza (Borja)

Tras veinte años, la encontraron. Mi abuela me contó en numerosas ocasiones la historia que la había perseguido durante toda su vida.

Mi abuela estaba embarazada de mellizas; cuando fue a dar a luz al hospital, el médico le dijo que una de ellas había muerto. Mi abuela no quiso ver a su hija muerta, además, los médicos no la hubieran dejado.

Con el paso de los años, cuando mi abuela le dijo a mi madre que había tenido una hermana melliza, no pudo frenar su rabia, porque siempre había querido tener una hermana con la que poder jugar a las muñecas y compartir sus pensamientos y emociones. Necesitaba ver el cadáver de aquel indefenso bebé, para estar segura de lo que le había contado su madre. A escondidas, fue ahorrando dinero para poder pagar en un futuro la exhumación del ataúd de su pequeña hermana, ya que mi abuela no le permitía hablar del tema.

Cuando por fin pudo pagar la exhumación, se quedó sorprendida al comprobar que en el pequeño ataúd no había nada, así que fue al hospital para pedir una explicación. Como habían pasado tantos años, la matrona que atendió el parto de mi abuela ya no trabajaba allí. Mi madre fue a su casa y le pidió a la mujer que se lo contase todo. Daba tanta lástima su ansiedad que decidió contárselo. "Hace unos años las familias ricas pagaban dinero a las enfermeras para que les diesen los hijos de otras madres...".

Mi madre se quedó perpleja ante aquella barbaridad. Le pidió que le dijera cuál era la familia que robó a mi tía. Como ya no trabajaba en el hospital, se la facilitó.

Mi madre fue a la casa, pero antes le contó todo a mi abuela que, sin decir nada, la acompañó. Llamó al timbre y salió una señora muy guapa junto a una joven que se parecía a mi abuela. La mujer se acercó y le preguntó a mi abuela qué quería. Se lo contó todo. La mujer abrió la verja de su casa y le dijo la verdad a mi tía, ella se asustó y dijo llorando:
--Pero yo quiero vivir contigo, aunque no seas mi "madre".

Mi madre y mi abuela comenzaron entonces a llorar. Mi madre se atrevió a pedirle a mi tía:
--Quiero tener un recuerdo tuyo, por si acaso no nos volvemos a ver.

La señora cogió una cámara fotográfica, de las primeras que se fabricaron, les hizo un par de fotos; una se la quedó mi tía y esta que aparece aquí, en mi álbum, es la de mi madre.

 

 

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